Expresiones de la Aldea, Notas Centrales

DESROMANTIZANDO A LAS CARTAS DE AMOR

Por Eliana Cabrera

“Todas las cartas de amor son ridículas, no serían cartas de amor si no fueran ridículas” decía Fernando Pessoa. Hablar de ellas nos remite automáticamente a los modos más antiguos de relacionarse, ligados al cortejo romántico y la cursilería: una expresión de sentimientos exagerados o que resultan ridículos en determinado contexto.

¿Es posible quitar a las cartas de amor de ese lugar estereotipado y ponerlas a tono con las formas de amor más actuales?

Las cartas de amor han sido reflejo de aquellos amores de antaño que, afectados por las grandes distancias, debían recurrir a las misivas para mantener viva la llama en sus pretendientes.

El amor romántico impone que “cuando se lo halla” hay que conservarlo, hay que aferrarse a esa persona ideal porque se trata de una unión única e irrepetible cuya pérdida supone no solo fracaso, sino también dolor y sinsentido.

Para las mujeres, más que a nadie, perder un “buen pretendiente” implicaba prever una vida miserable y con menos posibilidades de progreso, puesto que casarse con un buen hombre (lo que sea que eso signifique) y automáticamente convertirse en la encargada de las tareas domésticas y maternales era el mayor logro al que se podía aspirar.

Poco a poco, y por fortuna, esto está cambiando, al menos discursivamente. Gracias al movimiento feminista, se insiste en que el amor debe ser entendido como una construcción, un pacto entre dos o más personas, más allá del género, que eligen compartir su vida sin anular sus individualidades y en igualdad de condiciones. Nada de “sin vos mi vida no vale”, “te necesito para ser feliz”, ni “todo lo hago por vos”.

No, porque además de crearse vínculos que se parecen más a un contrato de propiedad que a una relación amorosa, generalmente las mujeres son las más invisibilizadas o quienes adquieren los roles más pasivos y de servilismo (en una pareja heterosexual monogámica, prototipo del amor romántico).

Grandes cartas de amor (2017, Ed. El Ateneo) reúne más de cincuenta cartas “que abarcan las múltiples caras del amor: desde la primera carta hasta la de despedida, pasando por cartas de cortejo, de éxtasis, de amor platónico, de triángulos amorosos, cotidianas, de ruptura, de nostalgia, (…)”.

Pese a esas aclaraciones, diversidad es lo que menos se encuentra. No sorprende que todas las interacciones que se encuentran allí sean entre un hombre y una mujer y en la mayoría de los casos se hable de amores eternos, apasionados en extremo, demandantes, obsesivos.

Esto explica por qué las cartas de amor han caído en el conjunto de instrumentos del amor romántico, en cierta forma son parte de su constante reivindicación. Quedan en los márgenes cartas como las que se intercambiaban Alejandra Pizarnik y Silvina Ocampo, entre Anaïs Nin, Henry Miller y su esposa June, Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir, Emily Dickinson y su cuñada, Susan, Oscar Wilde y su amante… mujeres y hombres que se animaron a vivir amores por fuera de lo heteronormado y eso no hizo que su correspondencia fuera menos auténtica.

Luciana Peker, periodista y activista especializada en género, dictó en 2019 un taller en barrios populares de Buenos Aires llamado “Taller de amor a la carta”. La propuesta era precisamente coordinar el proceso de escritura de una carta de amor como excusa para reflexionar en torno a los discursos amorosos que existen y que condicionan los vínculos sexoafectivos: desnaturalizar las formas de expresión romántica y encontrar palabras para ese vacío que existe al querer expresar qué nos pasa luego de revalorizar y resignificar el amor.

“No hay amores prohibidos sino palabras prohibidas” sostiene Alejandra Pizarnik en sus Diarios. Es necesario encontrar nuevas formas para la expresión del afecto: deconstruir el amor y repensarlo no implica renunciar a la ternura sino todo lo contrario: apropiarse de la palabra amorosa para poder expresar los diversos modos de vincularse que hoy se encuentran a flor de piel y buscando ser visibilizados. Las cartas de amor aún pueden salvarse, es necesario dejar testimonio de que en libertad e igualdad de condiciones se puede amar también con picardía lingüística y poesía.

Si les interesa indagar en el formato, además de cartas de personajes reconocidos, existe el Centro de Documentación Epistolar en Argentina, cuya página web es http://sobrecartas.com/ Allí se encuentra un archivo histórico digital y colaborativo que reúne cartas originales, pudiendo ser visualizadas tanto en manuscrito como transcriptas. Si prefieren escuchar, el podcast 40 Cartas de Lubi recopila cartas de desamor, compartidas a voluntad por jóvenes y adultos, donde se reflejan distintos tipos de relaciones y vínculos afectivos.

De Juan Carlos a Beatriz, Tandil, sin fecha (http://sobrecartas.com).