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Educadoras monte adentro

Cuatro mujeres que cruzaron ríos, inviernos y encrucijadas con tal de brindarles nuevos horizontes a sus estudiantes

Por Matías Gómez

Tareas hasta las tranqueras

“A una de mis alumnas que cumple los 29 de febrero, dos veces le llevé la torta y no pudimos compartir el año pasado, primero porque no empezaban las clases, y después por la pandemia. Así que me queda pendiente ese regalo”, se lamenta Rosa Ochoa, docente desde hace once años en la Escuela Nº178 “José Inés Pedernera”, de Potrerillos, en el departamento San Martín.

“Ella tenía que cruzar tres tranqueras para llegar hasta la ruta, para que yo pudiera darle la tarea con su mamá y su hermanito donde están como encargados en una estancia”, cuenta emocionada la maestra que vive en Santa Rosa del Conlara, a 90 kilómetros de la institución escolar, fundada en 1908.

La pandemia en el interior, por momentos, agudizó la lejanía.

“En la escuela rural se generan otros lazos donde todos son familia y se comparte de otra manera. En nuestro edificio hay internet pero los alumnos viven alejados y a veces no tienen energía eléctrica.

Muchas veces, nos hemos acercado hasta sus hogares porque era imposible tener comunicación con ellos. Íbamos con todas las medidas de precaución sanitarias y debíamos coordinar con las familias una semana antes.

A veces, en un día solo alcanzábamos a visitar tres o cuatro casas porque son caminos con muchas piedras. A pesar de todas las dificultades del año pasado, los chicos cumplieron con las tareas y los padres han sido muy responsables”, expresa Rosa.

Al paraje, famoso por ser cuna de picapedreros en canteras de laja y granito, se accede mediante ruta provincial N°2, entre La Toma y San Martín.

Comunidad participativa

“Trato de capacitarme siempre para brindarles lo mejor a mis alumnos y que puedan conocer otras experiencias, socializar en otros lugares”, dice Carmen Garay, quien trabaja hace nueve años en la Escuela N°196 “Maestra María Mitchell de Ramírez”, en el paraje El Caldén, departamento Ayacucho.

Cercano a una antigua zona de hacheros, carboneros y carreteros, este pueblo de alrededor de 40 familias, se ubica 23 kilómetros al norte de Candelaria, en el límite con La Rioja. A la escuela asisten 55 estudiantes de los cuales diez pertenecen a nivel inicial.

“Hemos participado en concursos nacionales y provinciales. Algunos alumnos no son del paraje sino que vienen de otros puestos y son de familias numerosas”, describe.

“El afecto que se crea entre docente y alumnos es casi maternal. Y la comunidad es muy participativa incluso con los proyectos extraescolares. Durante la pandemia trabajamos con los cuadernillos de actividades, pero también enviábamos las tareas por WhatsApp a los padres”, indica.

En el patio de un colegio rural en San Luis, hacia 1944. Junto a funcionarios de la zona observamos al director, docentes y a las alumnas de la escuela, estas, posiblemente se convertirán en futuras maestras. Foto: José La Vía.

“Había una nena que no tenía internet en el puesto de La Cañada entonces se iba a Villa Nidia durante la semana o los fines de semana, dependiendo del trabajo de los padres, y podía descargar las tareas”, agrega.

Contra viento y crecidas

Cuando la Escuela N°306 “Gobernador Zoilo Concha” sumó más aulas en Villa de la Quebrada, asistieron docentes no sólo desde la capital puntana sino de San Francisco, La Punta y llegaban, en algunos casos, a dedo.

“La escuela abría a las 8:00. El colectivo, la mayoría de las veces, nos dejaba a las 6:30 en la plaza ´Lucía Soler´ (una de las primeras maestras en la capital de la fe).

En verano era pasable, pero en invierno con campera y poncho, era poco. A partir de los años 90, una vecina muy querida en la localidad, doña Nieves Abaca de Gómez, nos esperaba en su casa con mate cocido con yuyitos, mates y tortitas calentitas hasta que fuese el horario de ingreso”, recuerda Silvina Nocera, quien es docente hace 17 años.

“He sido docente en ambos lados. El docente de la ciudad no analiza el contexto del niño, es decir cómo llega a la escuela, en qué situación se encuentra la familia, lo manejan desde otro punto de vista.

En cambio, en las escuelas rurales, durante las reuniones se piensa mucho en la contención, por ejemplo, cómo ayudar a tal niño que está campo adentro. También, tenés que analizar la cantidad de materiales que sean más accesibles para los chicos porque no hay muchos”, apunta Silvina, quien además es profesora de artes plásticas y lleva una lucha personal contra el cáncer.

“A pesar del clima, acá se trabaja igual, porque los chicos están esperando la copa de leche y los actos son fiestas para el pueblo”, destaca.

Fundada en 1910, a 120 kilómetros de la capital, al noroeste de la localidad de Paso Grande, se destaca la Escuela N°247 “Granadero José Doroteo Arias”, en el paraje El Paraguay. Con solo tres alumnos, por cuatro años consecutivos ha sido premiada como la mejor del departamento San Martín en los Intercolegiales Culturales. Incluso ha obtenido reconocimiento nacional por sus proyectos para las ferias de ciencias con Escuelas Rurales en Red. Y, en octubre del año pasado, fue una de las instituciones habilitadas para regresar a la presencialidad.

Pero los vientos no siempre fueron favorables. El edificio permaneció cerrado durante tres años, hasta que en 2001 reabrió sus puertas por insistente pedido de los vecinos. En 2014, la crecida del río Conlara más el revenimiento de los caminos impidieron que los alumnos pudieran acceder al edificio, por lo que la directora de personal único actual, Cristina Cuello, brindó clases en su hogar, “La Higuera”, a siete kilómetros.

“Hice mis primeras prácticas de ruralidad en la escuela del paraje El Duraznito, cerca de Santa Rosa del Conlara. Y en el año 2000 inicié mi carrera en la Escuela N°377 “Granadero Paulino Sosa”, ubicada en el paraje San Isidro, entre La Carolina y Las Chacras. La escuelita quedaba en medio de las sierras en una zona casi inhóspita y con inviernos muy fríos”, detalla.

Arriba de izq. a derecha: Villa de la Quebrada – Carmen Garay quien trabaja hace nueve años en la escuela N° 196 “Maestra María Mitchell de Ramírez”, en el paraje El Caldén – Potrerillos. Abajo de izq. a derecha: Rosa – El Caldén – Padres y alumna de El Caldén.

“Fue una gran alegría asumir como directora en 2001 en el paraje El Paraguay. Los caminos eran sinuosos, había que cruzar el río Conlara que muchas veces crecía y no se podía pasar.

En esa época vivía en Santa Rosa y me trasladaba en colectivo hasta La Toma, y de ahí hasta el acceso a La Vertiente. A veces, cuando me iba a dedo, solía irme caminando 8 kilómetros desde el empalme de la ruta N°2 por el camino de tierra con el bolso y la mercadería para dar clases. O los alumnos me esperaban en burro o caballo para llegar hasta la escuela.

Tenía 22 años, era todo una travesía pero la hacía feliz”, comparte Cristina.

En 2019, el Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología de la Nación publicó los resultados de la Evaluación Aprender 2018, donde destaca el desempeño de los estudiantes de 6°año de primaria del ámbito rural, respecto de quienes asisten a escuelas urbanas estatales.

“Tanto en Lengua como en Matemática, las provincias con mejores rendimientos en el ámbito rural son Córdoba, La Pampa y San Luis”, resalta en página 14 el estudio. Además, precisa que aún hay mayoría de docentes mujeres en estos espacios con baja densidad demográfica.

“En aquellos años me quedaba a vivir en la escuela, había que alumbrar con mechero porque no había luz eléctrica, ni gas, usábamos una estufa salamandra. El agua la traía Vialidad o solíamos buscarla en el río.

En la ruralidad se aprende a valorar muchas cosas, porque hay que adaptarse. El docente rural es doctor, enfermero, psicólogo, el que toma los encargues del pueblo. No es una tarea fácil, se atraviesa mucha soledad, no hay tantas comodidades por eso cuando se elige esta profesión hay que tener mucha vocación”, reflexiona.

A pesar de las distancias, día a día, las educadoras renuevan con las familias del interior puntano el compromiso de generar no sólo conocimiento sino motivaciones, vínculos, respeto y futuro.