Expresiones de la Aldea, Notas Centrales

Futuros más equitativos

La Doctora en Psicología, Irene Meler, reflexiona sobre el riesgo de entender a la masculinidad como máquina de guerra y propone reeducar a quienes ejercen violencia de género. Analiza también costos y desafíos de la sororidad

Por Matías Gómez

Según el diccionario de la Real Academia Española, la sororidad es la relación de solidaridad entre las mujeres, especialmente en la lucha por su empoderamiento. En este sentido, Irene Meler percibe cambios de mentalidad aunque todavía hay múltiples trabajos pendientes.

-En el cine son frecuentes las escenas de lealtad entre un grupo de hombres, ¿de qué manera se podría habilitar la sororidad en los diferentes espacios culturales?

-El cultivo de los lazos de lealtad y asistencia recíproca entre mujeres ya se está observando, mediante la participación de las generaciones jóvenes en los movimientos sociales que promueven la paridad, hacen visible el abuso sexual, no admiten la violencia masculina, ni su expresión más aberrante, el femicidio.

El costo que se paga por esa tendencia actual es la caída de la ilusión en el amor romántico entre mujeres y varones, y la conciencia creciente acerca de que las relaciones de las que se espera recibir amor y felicidad, con frecuencia viran hacia el engaño, el abandono o la victimización. Esa percepción, sin duda dolorosa, es de esperar que no aliene a los jóvenes de las relaciones amorosas, sino que las refunde sobre bases más éticas y equitativas.

Meler coordina el Foro de Psicoanálisis y Género de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires (APBA), dirige el Curso de Actualización en Psicoanálisis y Género de la misma asociación y la Universidad Argentina John F Kennedy (UK) y codirige la Maestría en Estudios de Género de la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES).

-¿En qué consiste la masculinidad como máquina de guerra?

-Una larga tradición social consiste en entrenar a los varones para la defensa de su grupo, y con ese fin se cultiva su actitud confrontadora, se valoriza el coraje, y se reprime el temor y la compasión.

Los sujetos socializados de ese modo, aplican luego las mismas actitudes dominantes y abusivas en su vínculo con las mujeres y los niños, quienes, debido a la asimetría existente en la fuerza física y en los recursos materiales y simbólicos, corren el riesgo de ser sometidos o victimizados.

De modo que se comienza por legitimar la agresión destinada a los extraños, cosa en sí muy cuestionable, para pasar a sufrir los efectos de esa violencia al interior de las propias sociedades y de las familias.

Meler ha sido invitada como docente a diversas universidades y centros académicos de Uruguay, Chile, México, Colombia, Costa Rica y España.

Es autora de numerosas publicaciones. Las más recientes: “Recomenzar. Amor y poder después del divorcio” y la compilación “Psicoanálisis y Género”. Escritos sobre el amor, el trabajo, la sexualidad y la violencia.

-En un artículo indica que “las modalidades represivas tradicionalmente conocidas no han desaparecido, pero los nuevos dispositivos de gobernanza pasan por la incitación al goce, y no tanto por la represión”, ¿Podría brindarnos algunos ejemplos de este cambio?

-En una sociedad de consumo, se promueve la adquisición de objetos con el propósito de sostener el funcionamiento del sistema. Pero consumir no garantiza el bienestar y mucho menos la felicidad.

#Amigodatecuenta: la campaña que les habla a los varones para desnaturalizar la violencia machista.

En contraste con el ascetismo medioeval, que consideraba a la privación, el autocastigo y la abstinencia sexual como actitudes virtuosas, en la actualidad la sexualidad se ha desregulado. Existe una amplia accesibilidad a través de las páginas web, y casi todas las preferencias eróticas, con excepción de la pedofilia y el sadismo, están habilitadas, al menos en Occidente.

Pero el placer sexual no es una meta suficiente para el logro del bienestar subjetivo, se requiere habilitar una sociabilidad empática y crear metas compartidas para mejorar la vida de todos. De modo que el acceso a la sexualidad se transforma en un recurso para controlar a las generaciones jóvenes, descontentas por la creciente desigualdad y la precariedad de la existencia en la Posmodernidad.

Por otra parte, el mercado sexual funciona en términos androcéntricos, y las mujeres jóvenes se someten a modalidades de vinculación que complacen a los varones, pero que no responden a su sensibilidad. Obtienen a cambio contactos efímeros y despersonalizados, que contrarían su vocación por establecer vínculos afectivos más comunicativos y más estables.

-Ante situaciones de violencia de género, usted recomienda, por un lado, que los diagnósticos sean tratados de modo más cuidadoso debido a que pueden ocasionar una sanción moral encubierta y, por otro lado, sostiene que no sólo es necesario asistir a las víctimas sino también reeducar a los ofensores, ¿considera que se ha avanzado con estas propuestas?

-Se está comenzando a comprender que si limitamos la asistencia a las víctimas de la violencia, solo encaramos un efecto de la escena violenta. Se requiere asistir a los ofensores, que sin duda han cometido daños que son punibles, pero que constituyen una manifestación del entrenamiento masculino ancestral para el ejercicio de la confrontación y del dominio.

Contrariando una tradición propia de los abordajes psicológicos, que plantean la necesidad de que quien consulta demande ayuda, como requisito previo a cualquier acción terapéutica, propongo que se incluya de modo compulsivo a los varones ofensores, en dispositivos socio-educativos de sensibilización y concientización sobre la violencia.

El ingreso en esos dispositivos debe ser una alternativa al cumplimiento efectivo de penas de prisión, y la asistencia debe ser obligada y controlada.

El propósito es poner en crisis los estereotipos machistas, y crear conciencia acerca del daño ocasionado, con la expectativa que a partir de eso, surjan demandas de asistencia psicológica. El logro de esos dispositivos consistiría en obtener una conciencia de la transgresión ética perpetrada, y promover pedidos de ayuda para modificar pautas de conducta arraigadas.

La Doctora en Psicología señala además que debido a la pandemia ha recibido consultas virtuales desde diferentes partes del mundo.

“Atiendo gente a la que nunca he visto personalmente. Me adapté, de un modo sorprendente para mí misma, a esa modalidad de asistencia terapéutica. Más allá de los cambios en el encuadre de la tarea, se hace evidente que lo que define las condiciones de trabajo pasa por la actitud y el enfoque del terapeuta, más que por las características del entorno donde recibe a quienes atiende”, indica la especialista quien considera que luego de la pandemia la práctica clínica continuará de modo mixto.

-En los comienzos, el feminismo ha sido crítico con el psicoanálisis, ¿actualmente cómo es esa relación y cómo imagina que será en el futuro?

-Cuando expongo temas teóricos relacionados con el diálogo entre los desarrollos psicoanalíticos y las perspectivas derivadas de los estudios interdisciplinarios de género, suelo comparar la situación del investigador con la del hijo de padres separados.

De modo lamentable, es frecuente que cada cual le hable mal del otro progenitor y eso puede generar confusión o resentimiento, pero en los casos favorables, algunos niños que crecieron en ese contexto, desarrollan su capacidad de juicio crítico y logran un enfoque personal e independiente.

En el nivel teórico, una relectura de los textos freudianos permite descartar aquellos aspectos que se relacionan con la misoginia de la época en que Freud escribió, y poner a trabajar los aportes que resisten el paso del tiempo y mantienen su vigencia y productividad.

El enfoque psicoanalítico también ha aportado a los estudios de género, destacando el modo en que los procesos psíquicos de formación de la personalidad, pueden contribuir, ya sea a la reproducción de patrones tradicionales de sometimiento femenino, o a la creación de pautas alternativas de vinculación, que superen el dominio masculino.

-En otro párrafo analiza que es tarea del terapeuta desnaturalizar el dominio masculino, ¿En las escuelas cómo podrían generarse herramientas con ese objetivo?

-La educación sexual integral es un buen vehículo socio-educativo. Más allá de los conocimientos necesarios sobre la biología reproductiva, la anticoncepción, las nuevas tecnologías reproductivas y la interrupción voluntaria de los embarazos, es importante encuadrar el ejercicio de la sexualidad en un estilo democrático y paritario de relación entre los géneros.

Allí se debe crear un espacio de reflexión sobre el modo en que las relaciones de poder atraviesan los vínculos amorosos, y poner en cuestión las tradiciones que promueven la dependencia femenina y el dominio masculino, que ya se observan en muchos noviazgos, cuando comienzan las relaciones amorosas entre los jóvenes.

Conviene promover una ética de las relaciones sexo-afectivas, que resguarde la paridad, la privacidad y la autonomía de quienes se involucran en vínculos de intimidad.

-¿De qué se trata la cultura de posdivorcio que propone?

-Supongo que la pregunta se refiere a una propuesta que planteé inicialmente en el libro Género y familia y retomé, años después, en el libro Recomenzar. Con ese planteo aludí a la necesidad de realizar un proceso psíquico al que otros autores expertos en temas de familia ya se refirieron, y que consiste en lograr la elaboración del duelo por la ruptura de la pareja conyugal, y a partir de eso, mantener los acuerdos y la comunicación en la pareja parental, hasta que los hijos habidos en común lleguen a la adultez.

Se trata de evitar la hostilidad que con tanta frecuencia caracteriza a las relaciones entre ex cónyuges, mantener un frente común en lo que se refiere a la puesta de límites a los hijos, y cooperar en la crianza. La descalificación de uno de los progenitores por parte del otro, es dañina para el desarrollo infantil y juvenil. Los padres son el origen de la vida de sus hijos, y si ellos piensan que provienen de personas poco éticas, su autoestima se ve deteriorada.