Expresiones de la Aldea, La Aldea y el Mundo

Lo analógico a la espera

Por Paola Duhalde

Directora periodística Diario de La República

Dos libros descansan en la mesa junto a la cama. Un mueble que cumplió su vida útil como biblioteca y ahora aguanta un velador, un reloj despertador y alguna gastada pastilla repelente de mosquitos. En el estante de abajo, una tablet.

“La vida instrucciones de uso” de Georges Perec y “Atlas de geografía humana” de Almudena Grandes están ahí con sus páginas casi intactas. El primero es una novela, no tan conocida comercialmente pero que los puntillosos dicen que es una obra maestra. Está marcada en la página 38. El texto de la española avanzó un poco más y llegó a la 197.

Perec era parisino y junto con Boris Vian encarnan una extraña raza de escritores: controversiales, distintos, difíciles de conseguir en las librerías de provincia. Grandes murió en noviembre de 2021 y hace unos días su prosa fue recordada en la Feria del Libro de Buenos Aires.

Ambos autores llegaron a la mesa de luz por notas periodísticas. El primero por un artículo breve que publicó El Diario de la República, el segundo por el alcance mundial de la muerte de la autora del que se ocupó la prensa mundial, de la que era colega. De ambos habló alguna vez La Opinión y La Voz del Sud, haciendo uso de su valioso poder de comunicar arte, cultura y ciencia.

Cada noche, pacientes, los dos esperan que el milagro se produzca y ser el compañero ideal del fin de una jornada fría de mayo, agotadora, estresante. Básicamente ser lo que fueron durante toda una adolescencia y juventud, cuando no había estrés pero sí voracidad. Aunque a decir verdad en la adultez también, en la adultez analógica.

Un poco más abajo, expectante, triunfadora, la tablet. Con miles de títulos, al alcance del dedo. Con series francesas y españolas, pero también finlandesas, británicas, belgas. Con cientos de temáticas, con cientos de miles de historias, con millones de minutos que entran por los ojos igual que las palabras de los libros, pero aptos para la pausa y la oscuridad de la noche cansada.

Georges Perec (París 1936-1982) fue uno de los escritores más importantes de la literatura francesa del siglo XX. También realizó incursiones en el cine y en la música. Fue miembro del grupo Oulipo desde 1967 hasta su muerte.

Para alguien que estudió Humanas, y que recurre a los números ocasionalmente, hay recursos técnicos que permiten hacer una ecuación que no favorece en lo más mínimo. Y que produce desazón.

Un típico drama estadounidense (This is us), en cinco temporadas, demanda invertir dos días, catorce horas y cuarenta y dos minutos. Una finlandesa, policial, necesita un día y siete horas (Sorjonen). 24, la serie que antes de las múltiples plataformas de streaming se veía una vez por semana en la tele, implica mirar durante seis días y nueve horas las 9 temporadas completas. Y si alguien ve Versailles, para calmar la culpa e incorporar un poco de conocimiento histórico a la vida, insumirá 26 horas exactas. Estos cálculos no son fruto de un trabajo exhaustivo, son los resultados que tira una página web (tiii.me) y que podría decirnos todos los minutos que alguien ocupó en todas las series que vio en su vida.

Para aumentar la inquietud, hay otro sitio que dice cuántas horas (y a veces días) que demandaría leer clásicos. De hecho Kindle le informa a sus lectores digitales cuánto tiempo le queda para terminar un libro X. La Odisea se lleva algo más de 6 horas continuas y El Quijote casi un día entero. Toda la saga de Harry Potter consume más de dos días y medio, El nombre de la rosa 13 horas y Madame Bovary casi nueve horas. La razón es de 250 a 280 palabras por minuto, aproximadamente. Claro que aquí hay otros factores a tener en cuenta, como la complejidad del texto que marcará la dificultad en la lectura.

¿Y de qué sirve tanto número? De hecho, ¿cuánto tiempo se llevó la misma internet en este pseudo análisis? ¿De qué sirven las ecuaciones si los dos libros están ahí, a la espera? Y la tablet sabe que tiene muchas chances de triunfar, que en definitiva no se trata de tiempo sino de ofrecer pasarlo con el menor esfuerzo y concentración posible.

Perec, Grandes, Versalles, Homero, Finlandia o una peculiar familia norteamericana, contenidas en papeles o pixeles, para acompañarnos, para entretener y a veces enseñar. Elegimos a cuáles recurrir, con la nostalgia de tiempos analógicos que no volverán y una adolescencia que no pudo ser mejor gracias al placer de la lectura.