Expresiones de la Aldea, San Luis, Tertulias de la Aldea

La primera década

Por José Villegas

Corrían los días de aquel cálido febrero en el estío puntano de 2012 cuando recibí la llamada del convite. Y es que, en las oficinas de Payné y “El Diario de la República” conducido en  ese entonces por el Dr. Alberto José Rodríguez Saá (h) se estaba ya perfilando una nueva herramienta de difusión gráfica, pensada como semanario y con un formato, por cierto, tan novedoso como original. Así, el que fuera el diario “La Opinión”, un ícono de la prensa puntana, fundado por Umberto Rodríguez Saá allá por 1913 y que por primera vez leerían los puntanos el 16 de marzo de ese año, ahora devenía en un periódico en cuyas páginas se verían reflejadas, como en un verdadero ensayo de pluralidad, distintas áreas del conocimiento, con un bagaje de información tanto actual, como histórico.

La misma intención, y por lo tanto idéntico procedimiento se haría con “La Voz del Sud”, diario villamercedino pionero de la prensa en aquella ciudad hermana, creado por Amado Curchod y cuya inicial presentación pública había sido el 6 de enero de 1903, diez años antes que “La Opinión”.

Por supuesto que como parte indisoluble de ambos órganos, irían las “columnas” de autor en cada tirada sabatina. Esa sería mi tarea, ocuparme de los temas de la Puntanidad en mi espacio “Tertulias de la Aldea”. Me convocaban a un desafío, me invitaban a escribir sobre mi querida provincia y su pasado tanto lejano como reciente, en textos que llevaran al lector/a anecdotarios, hitos, curiosidades, crónicas, testimonios, en fin, sucesos históricos que rescatados y traídos al presente, mostrasen y demostrasen un pasado repleto de gloria, como lo es el de los hijos de esta bendita tierra.

Así fue como en aquel momento, honrado y agradecido acepté la propuesta de formar parte del staff de “La Opinión” y “La Voz del Sud”, del que nunca, por un lapso de 10 años, me he separado. Y así es como hoy nuestra secretaria de Redacción, Gabriela Pereyra, me recuerda que soy el único columnista que queda de aquellos pioneros (que ya no están entre nosotros y a quienes rindo mi homenaje sentido), por lo que debo escribir estas palabras.

Lo primero, y sin duda alguna, que quiero manifestar es que, con mucha responsabilidad, desde el inicio de mi tarea, en todos los casos la temática que he abordado en mis textos ha sido San Luis y/o sucesos vinculados a nuestro terruño. Y cuando hoy  repaso estos 480 textos, que a lo largo de 10 años he puesto a disposición de nuestros lectores, no puedo sentir más que satisfacción. Y aquí es cuando debo decir que siempre, pero siempre durante todo este tiempo, he trabajado con absoluta LIBERTAD. Esto es, nunca, nunca jamás he sido “invitado” a suprimir un solo párrafo de mis escritos. Es decir, he utilizado mi narrativa (muchas veces polémica y controvertida) sin un atisbo de “sugerencias” ni mucho menos censura. De manera que, nobleza obliga, debo decir que hoy celebro, no sin reconocimiento y gratitud, ese enorme respeto y valoración que siempre han demostrado hacia este columnista las autoridades de este medio.

El sábado 19 de mayo de 2012 aparecía por primera vez “La Opinión” en los kioscos de diarios de la ciudad de San Luis, y en “Tertulias de la Aldea” aparecía “La Esquina”, mi primer escrito en el que, observando una fotografía de don José La Via, les cuento a nuestros lectores y nuestras lectoras el pasado de esas dos calles.

Imagen de la esquina de Rivadavia y Pringles de 1910, tomada por José La Vía, puede apreciarse la Iglesia Catedral aún sin concluir
y las amplias calles de tierra del centro de San Luis.

Poco a poco al entusiasmo hubo que agregarle otra sensación: la incertidumbre. Esto era la pregunta, la gran pregunta ¿Cuánto tiempo tendremos? Y era lógico, teniendo en cuenta que las publicaciones gráficas de esta especie son, casi todas ellas, efímeras. Y entonces, ha sucedido lo mágico, lo extraordinario, lo impensado, lo maravilloso: después de 10 años ininterrumpidos, ¡hoy estamos aquí! Y hoy avanzamos con los tiempos que nos tocan, es por ello que tenemos versión digital, tenemos suscriptores, tenemos más lectores, más y mucho más para difundir y compartir.

En “La Opinión” y “La Voz del Sud” está El Mundo; San Luis; Reportajes; la Literatura; La Ciencia de ayer, de hoy y de mañana; la Tribuna Pública; La Aldea y el Mundo; El Pato Azul; Tertulias de la Aldea; El Arte; La Música y otros dossiers documentales que la convierten en casi atemporal, coleccionable, única en su género.

Lo segundo y último de mi testimonio es, precisamente, confirmar y reafirmar mi visión de lo que el semanario transmite. Y para ello expresar otra nueva sensación, cual es la mimetización que se da con este puñado de páginas. Esto es porque a la incuestionable calidad de sus periodistas y sus respectivas redacciones, es absolutamente destacable que, a la hora de hacer “heurística”, se hacen presente la inteligencia, el tino, el buen gusto y la exquisita disposición para incorporar en cada número la información más atractiva, más útil, siempre pensando en los destinatarios y las destinatarias. Es por ello que, desde la página 1 y hasta el final, nunca dejamos de desmenuzarla con placer, con el inmenso placer que da la lectura cuando vale la pena. De esta manera entonces, nuestras y nuestros lectores van recorriendo las páginas con mirada tranquila, confiada, segura. Porque saben que aquí no existen las “fake news” ni la “prensa amarilla”. Y eso, en nuestros días es loable, muy loable.

Eso es lo que demandan nuestros lectores/as, y eso es lo que “La Opinión” y “La Voz del Sud” vienen entregando en cada uno de sus números permanente y sistemáticamente, durante el transcurso de su primera década.

La Esquina

En 1910 José La Vía captura la imagen de esa esquina para guardar en la memoria de los puntanos aquel solar convertido en la iglesia, que luego, con el revoque y la otra torre, será catedral.

El solar donde vivió, y casi murió Dupuy aquella mañana de febrero de 1819 cuando los prisioneros godos, antes de huir lo quisieron matar, pero Dupuy no solo no muere sino que mata, desafiando la furia del imperio, que ahora saben dónde se ubica San Luis en el infinito mapa de sus colonias.

La esquina polvorienta, la del almacén de don Ciofi y, cruzando en diagonal, el eterno quebracho blanco ¡que hoy perdura!, Y que nadie se atrevió a sacar, pues, en esa madera fuerte y noble se ataron cientos de riendas, entre ellas las del caballo del Gran Capitán, aquel que daba instrucciones secretas a Vicente, hablando como español, pero pensando como americano.

La esquina de las actuales Rivadavia y Pringles, que hoy atesora bajo el asfalto las huellas de los cascos de las cabalgaduras, de los carros y las patas casi desnudas de aquellos que marcharon con Aníbal Sudamericano, hacedores de la hazaña, gauchos y granaderos puntanos que dejaron todo y mucho más.

Muchos se fueron y muchos no volvieron. Tantos, que San Luis casi se quedó sin hombres y debió cambiar la Gloria por la pobreza, el aislamiento y la indiferencia.

La esquina de la Plaza de las Flores, aquella por cuyas veredas, luego de la salida de misa, en aquellos previsibles domingos, las señoritas caminaban girando en un sentido, y los caballeros en otro, para poder mirarse a los ojos.