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Mientras te encuentro

Redes, grupos y programas que acompañan la búsqueda de identidad biológica de personas apropiadas al nacer, por fuera de la dictadura militar

Gabriela Pereyra

Nadie desune de por vida lo que nace unido, afirma la psicóloga María Gracia Iglesias.

Actualmente Iglesias coordina el Programa Nacional de Identidad Biológica de la Secretaría de DD.HH de Nación, que depende de la Comisión por el Derecho a la Identidad (CONADI). Pero esto refiere a la parte formal de las inquietudes que la habitan desde siempre y le hicieron posible acercar psicología e identidades para acompañar a personas que emprendían dolorosas búsquedas de su identidad biológica.

Si bien hoy vive en Córdoba eligió su provincia natal, San Luis, invitada por la agrupación Las Nomeolvides, para presentar el libro: “Mientras te encuentro. Historias de búsquedas, identidades y apropiaciones”. El libro es un disparador, un pedacito de tantas historias con las que se ha cruzado por más de veinte años. Relatos de vida, búsquedas de personas que desconocen sus orígenes y también de personas que desconocen los destinos de hijos e hijas que le fueron arrebatados al nacer.

María Gracia sonríe también con los ojos al entrevistarla, es inquieta, acelerada al hablar, apasionada y extremadamente empática. De forma atípica, antes de comenzar la entrevista interpela con sincero interés: contame de vos, che. Qué es de tu vida. (Pese a que jamás nos hemos visto). Luego de caminar ese puente que nos acerca, comienza a relatar toda la inmensidad recorrida.

A mí siempre me gustó escuchar y hablar, una escucha activa, como María Gracia el psicoanálisis no me cerraba, me gusta el intercambio con la gente, trabajar con el diálogo en la terapia, profundizar. En la adolescencia, con esta personalidad me la pasaba llorando, siempre me buscaba amigas con problemas, creía que yo era problemática (ríe), muy sensible con los dolores ajenos, tratando de resolver cosas donde otros ven imposibles. Creo que cada granito de arena que uno vaya poniendo, es muy valioso. Que una madre sepa, por ejemplo, que no abandonó si no que fue engañada, lo mismo un hijo, que sepa que no lo abandonaron. Todo suma y derrumba mitos”, dice María Gracia.

Su madre, Marta Iglesias y su padre, Tato Iglesias, la nutrieron de pasiones y empatía, tener seis hermanos sólo robusteció su identidad, cuenta llena de orgullo.

Acompañar, sostener, reparar…

La militancia en H.I.J.O.S y el trabajo en Hermanos, que son agrupaciones surgidas a partir de Abuelas de Plaza de Mayo, sumado a su trabajo en la CoNaDI como encargada del área genética, fortalecieron aquel interés de ayudar a reconstruir historias truncadas. Aprendió a pesquisar expedientes, a leer entre líneas, a detectar patrones discursivos. A poner la oreja a las mayores amorosidades y a encontrar atroces crueldades.

Recorrer el país de punta a punta la llevó a pensar que además de las apropiaciones de niños y niñas durante la dictadura del 76, había una inmensa cantidad de personas que buscaban sus orígenes biológicos y que no se correspondían con esa fecha o ese contexto. Por investigación o por ADN esas personas resultaban no ser hijos de desaparecidos, pero, ¿quiénes eran?¿dónde quedaba su derecho a conocer su identidad? Le parecía imperioso pensar en que esa búsquedas debían ser recepcionadas, sistematizadas y contenidas.

Por poner un ejemplo, en un momento había 14 mil personas buscando su identidad, siendo que en Abuelas de Plaza de Mayo reclaman por 500 nietos, hijos de desaparecidos en la dictadura. Por ello celebra la creación del Programa, que a su vez puede recurrir a los caminos aceitados que tiene la CoNaDI en búsquedas de identidad biológica, y que permitirá articular con las provincias.

La vida la llevó desde Buenos Aires a vivir en Córdoba para que sus hijas crecieran más cerca de la naturaleza. Existía allí una filial de Abuelas de Plaza de Mayo: “propongo que ampliemos las fechas a todas las víctimas que buscan sus orígenes biológicos, independientemente de los hechos, de la situación y de dónde nacieron, encontré el cauce en el Archivo Nacional de la Memoria, gracias a la directora que tenía dos hijos adoptados y que le interesaba muchísimo el tema de la identidad más allá de la dictadura”, describe.

De lo individual a lo colectivo

En algún tiempo y lugar una niña de solo 4 años recibió la noticia de boca de su madre: su mejor amiga no era hija de quienes la criaban, y ella siempre debería cuidarla y guardar “el secreto”. Hoy su amiga lo sabe, pero aún no ha decidido emprender la búsqueda, lo bueno es que, de hacerlo, no caminará sola, sino colectivamente, gracias a estos espacios.

La experiencia le demostró a María Gracia que esos secretos se vuelven irrompibles pactos de silencio contra los que chocan quienes emprenden estas búsquedas. Es común sentirse sapo de otro pozo dentro de una familia, o que algunas cosas no ‘resuenen’ como naturales. A veces los cuerpos enferman sin explicación, otras veces surgen confesiones en el lecho de muerte. La culpa siempre bloquea intentos. Los estigmas sociales, los mandatos, perpetúan miedos. La familia o los cercanos que no acompañan. Pero, invariablemente, la pregunta vuelve a aparecer y en general es de grande: ¿Quién soy? No pertenezco a donde creía. “Imaginen qué hace una persona de 40 años que de pronto lo descubre, qué pasa por su cabeza. No hablamos de un recorrido simple, accesible. Las personas pasan por un shock ante la verdad, luego una etapa de repliegue, en las revinculaciones hay tensiones, es todo muy complejo y delicado. Generalmente las personas que nosotros acompañamos, son personas que llamamos apropiadas”.

Como resultado de estos interrogantes hoy existen grupos que acompañan y se sostienen, mientras se encuentran. Es así que Herman@s y Madres del Alma se conforma a partir de entender que había sobradas pruebas en torno al modus operandi de la red diseñada por la partera cordobesa, Mafalda de Journade.

Durante 40 años se dedicó a la apropiación de bebés de mujeres vulnerables a las que las engañaba diciendo que habían muerto, mientras que en el otro extremo de la red, los vendía por el valor de una casa o un auto a otras personas que también muchas veces eran engañadas. Por eso el grupo, para pedir por redes y por los medios, que “si fuiste atendida por Mafalda en el parto, o si en la partida de nacimiento figura su nombre, acercate o comunicate, porque aunque operaba desde Córdoba, colocó bebés en diferentes provincias”. Murió impune, pero sola.

También el grupo identificado como “Nosotros” surgió en la misma semana, realiza búsquedas de identidad biológica, pero de tanto andar en todo el entramado, buscando patrones repetidos, llegaron a la conclusión que cuando no hay datos, cuando el pacto de silencio es grande, es necesario que las madres sean quienes emprendan la búsqueda.

“Mural Mamá Buscame”, de Dario Coronda. Paseo de los Artesanos – Córdoba, Capital – 2020.

De allí surge el espacio que agrupa a los otros dos: Mamá Buscame. La presencia de María Gracia aportando la pata de CoNaDI facilita algunos pasos engorrosos, pero todo se trabaja colectivamente. Mamá Buscame es un llamado a la sociedad, porque a lo mejor la madre no puede, no se anima y por eso otros deben atreverse a decir lo que saben. Grupos de diversas provincias están sumándose a esta estrategia de poner el foco en que sea la madre quien busque.

Para contactar se puede escribir a: hymdelalma2014@gmail.com; nosotrosbusquedaidentidadcba@gmail.com; graciaiglesias@hotmail.com; identidadbiologica@jus.gov.ar

En San Luis, la agrupación de Las Nomeolvides ofreció oficiar de nodo: https://www.facebook.com/groups/2798907320424019

En redes: https://www.facebook.com/HYMDELALMA

@hymdelalma; @nosotrosbusquedadeidentidad

El camino de la búsqueda

Cuando hay dudas sobre el origen de una persona a veces la palabra hablada es suficiente indicio para iniciar una búsqueda, ese dato oral pero certero que tal vez no figura en ningún papel pero que alguien atestigua es importante, o bien una prueba de ADN. En una adopción, salvo las que presentan irregularidades, la partida de nacimiento tiene los datos de quién entrega a ese bebé. Con eso se accede al DNI y allí a tratar de ubicar, contactar, revincular.

La apropiación es anotar a un hijo como propio con un certificado falso y cuando en esa apropiación hubo dinero se habla de tráfico de menores. El delito por participar en acciones de este tipo vence a los 10 años y luchan para acercarlo a la figura de delitos que no prescriben, como los de Lesa Humanidad, que consiguieron las Abuelas de Plaza de Mayo. La culpa que suelen sentir hijos e hijas de que quienes los criaron vayan presos, impide las búsquedas mientras ellos aún viven.

En la apropiación, las investigaciones van detrás del libro de parto, la inscripción en los registros civiles, la fecha de nacimiento, sexo, y todo dato que pueda sumar, la ausencia de dato es también un dato. A veces aparece un DNI, a veces solo un nombre que suele tener muchos homónimos.

“Si tenemos el DNI de la madre podemos pasar a la etapa de localización, sea el nombre de la madre de quien busca su origen o de un hijo, podemos pensar que pertenece a alguien a quien se lo sacaron.

Una vez que localizamos se pasa a la etapa de revinculación, nosotros nos ocupamos, hacemos ese primer llamado. Hemos aprendido mucho de ese primer llamado, siempre te encontrás con una negativa. A veces esas personas no le han contado nada de lo que les pasó a su actual familia”, describe Iglesias.

Estas redes de apropiación son ‘interdiciplinarias’, hay médicos, policías, parteras, enfermeras, administrativos, cleros, etc., tratamos en estas búsquedas de no juzgar. Y de escuchar la versión de la madre biológica, no el relato escrito de una partida de nacimiento”, detalla. Hay hijos o hijas que leen datos de la partida donde dice que la madre abandonó, maltrató, quemaba, y en realidad es el relato que permitía justificar la adopción, en los casos legales.

Ser voces, estar atentos

Los cinco relatos del libro muestran un indudable camino de sanación, de introspección, de poder poner en palabras, de dolor, de esperanza. Por eso mientras te encuentro, dice María Gracia, por la esperanza, porque no se puede solo sino colectivamente. Porque cada uno de nosotros puede saber de alguien y hay que ponerlo en palabras y ayudar, no con rumores, con certezas.

El último relato da cuenta de todo lo que conlleva emprender estas búsquedas; de los errores que cometen las instituciones sordas ante la desesperación de una madre, de que en la mayoría de los casos las madres no entregan a sus bebés, sufren engaños, atropellos, abandonos, caen en redes de convencimiento.

También demuestra que la revinculación no es algo que fluye y ya, lleva su tiempo hasta que acontece la reconstrucción y reparación, pero en soledad sería muy difícil resistir, no desistir. Aun así esta vez, madre e hija lograron abrazarse, aun separadas de provincias, aunque la madre afirmaba que tuvo un varón y hoy continúa convencida de que deben haber sido mellizos y hay que buscar juntas a ese hijo… Se abrazan, se salvan, se encuentran…