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A menudo las infancias se nos parecen

Gabriela Pereyra

Si bien despierta ternura ver la experticia de un nativo o una nativa digital de apenas un año que maneja algunas funciones del celular, tablet o de la TV, resulta importante saber si el exceso en esos usos ocasiona daños.

Al hablar con personas con hijos e hijas refieren a la necesidad de entretenerles para poder hacer otras cosas o para descansar un poco, con humor hablan, incluso, del “nuevo chupete electrónico”. Estimular a las infancias es de las tareas más antiguas que vienen con la crianza, pero como todo, debe ser bajo seguimiento y estudio. La omnipresencia de tecnología digital se manifiesta como social y culturalmente ineludible, por ello el hincapié debe estar sobre el uso y abuso, no en la evitación.

Sobre lo postural

Observe cómo coloca usted su cuello al mirar la pantalla del celular, en la mayoría de los casos provocamos una curvatura exagerada en la zona y aun siendo adultos cuesta corregir esta postura, traslade entonces esa posibilidad de cambio a un pequeño, se ve por demás difícil, reducir las horas a lo mínimo indispensable es tarea de adultos.

Entre las secuelas posibles los expertos advierten sobre contracturas,ya que los músculos tratan de compensar la curvatura cervical y lo hacen tensionando la zona, esto debilita muscularmente cuello, hombros, columna y espalda. Es posible que además esa tensión termine es dolores de cabeza e irritabilidad,aunque los pequeños y pequeñas no podrán poner en palabras ese malestar. Con el tiempo puede aparecer también rigidez en la base del cuello, hombros, escápulas y alterar la alineación de vértebras. No olvidemos que es un cuerpo en formación.

Datos que alertan

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que los niños de menos de un año no sean expuestos a ningún tipo de dispositivo electrónico. Además, aseguran que los niños de dos a cuatro años tampoco deberían tener más de una hora por día de lo que llaman “tiempo de pantalla sedentario”, que incluye juegos de computadora o televisión.

En 2019 se conoció un estudio científico hecho en Canadá que probaba por primera vez que el aumento del tiempo de pantalla está asociado con un rendimiento deficiente en las pruebas de evaluación del desarrollo de los niños. La duración y el análisis de estas mediciones transcurrió durante 10 años. El equipo estuvo liderado por la Dra. Sheri Madigan. El estudio se publicó a través de JAMA Pediatría.

Foto de 1920 de niños vestidos como nativos americanos. Por Elena Ray/ Shutterstock.

Entre los hallazgos destacan que el tiempo de pantalla excesivo puede afectar la capacidad de los niños para desarrollarse de manera óptima; se recomienda que los pediatras y los profesionales de la salud orienten a las familias sobre las cantidades apropiadas de exposición a la pantalla y analicen las posibles consecuencias del uso excesivo de pantallas.De los 2441 niños incluidos en el análisis, 1227 (50,2%) eran varones. Un modelo de panel cruzado con intercepciones aleatorias reveló que los niveles más altos de tiempo de pantalla a los 24 y 36 meses se asociaron significativamente con un peor desempeño en las pruebas de detección del desarrollo a los 36 meses.

En 2017 Los investigadores de la Universidad de Londres encontraron una correlación muy clara entre el uso de pantallas interactivas por parte los más pequeños de entre seis meses y tres años y una reducción en el tiempo que pasan durmiendo. En concreto, por cada hora diaria que pasaban con la tableta o el smartphone, reducían 26 minutos su sueño nocturno.

También se cuenta con estudios que alertan sobre el retraso del lenguaje en niños y niñas que hacen abuso del tiempo frente a la televisión.

No todo es en torno a lo que el uso y abuso provoca, sino que a veces simplemente se trata de oportunidades. Estar frente a una pantalla hace perder la oportunidad de conectar con sus vínculos, disfrutar de un buen día de sol, desarrollar micro habilidades manuales, estimular psicomotricidades propias de esta edad.

“Creo que atraviesa a todos los estratos socioeconómicos, porque vivimos en un mundo saturado de medios”, asegura Madigan. No obstante, hay un problema evidente: los menores más pobres pasan más tiempo con estos dispositivos, por lo que esta relación les perjudicaría más a ellos.

Aunque estos estudios acercan un panorama general resta determinar el contenido de lo que miran y cómo afecta ese contenido. Saber si dentro de la selección del mismo será de más o menos ayuda que las horas sean frente a contenido educativo o de simple entretenimiento. Quizás dentro de esas subdivisiones se arrojen nuevos datos en los resultados obtenidos.

La recomendación es ante todo condicionar el uso, el uso responsable y no temer ser el límite ante las infancias porque por el momento no es algo que ellas puedan percibir como peligroso.