Expresiones de la Aldea, Notas Centrales

El gran amor de Balzac

Por Pedro Bazán (*)


El célebre escritor francés Honoré de Balzac (1799-1850), durante los últimos dieciocho años de su vida, permaneció completamente enamorado de Ewelina Hanska, condesa de origen polaco. Casada con el barón Waclaw Hanski, noble terrateniente ucraniano.
 
Todo comienza, cuando la Condesa Hanska, distante; noble de sangre y riquezas, le escribe una carta envenenada de amor, al noble de corazón y letras, Honoré de Balzac.
 
Miente la Condesa, su nombre y su estirpe. Enamorada de letras que un hombre desconocido escribe, firma sus cartas como La Extranjera”.
Imagina Balzac, el Olimpo a sus pies.
 
Durante dieciocho años le escribirá cartas atravesadas de pasión, ardientes de amor y locura, prohibidas a otros ojos que no fueran los de ella.
 
La trama es pródiga en los manejos de la Condesa; Balzac contribuye, mientras amasa párrafos.
 
Durante dieciocho años agota burdeles y declara amores falsos, para olvidar a Ewelina.
Encuentra refugio en la promiscuidad para ser fiel a un recuerdo. Regala la piel para conservar el amor.
Durante dieciocho años pinta lienzos maravillosos, descubre colores y encuentra rostros que le recuerdan cada rasgo de la mujer amada.
Mientras tanto convierte en arte, las puntillosas vidas de toda una sociedad. Y alcanza la celebridad a puro coraje y talento.
 
Durante dieciocho años, cree que cada día, es el final de la agonía.
Y cada día siguiente, el principio del Paraíso.
En muchos ocasos llora. Y amaneceres lejanos lo despiertan doblado, sobre mesas mohosas de innombrables bares.
Durante dieciocho años la imaginó.
Ella había sido imaginada para una historia diferente.
 
Entonces, el Gran Balzac arremetió con las letras para seducir a todo el mundo. Y enredó en La Comedia Humana, lo más humano de la vida que conoció y vivió.
 
Luego de dieciocho años la espera concluyó, repentinamente, como había comenzado.
Honoré De Balzac lloró hasta quedarse vacío de lágrimas y comenzó a ser feliz.
Su esposa, la Condesa Hanska, dormía en su cuarto y compartía la mesa y el lecho.
Era marzo de 1850. Cinco meses después, el 18 de agosto, Honoré de Balzac murió. A los 51 años.

La mitad de la biblioteca que he leído, dice que la Condesa Hanska era un ser siniestro, que ni siquiera retuvo la mano del hombre que moría enamorado.
La otra mitad, piadosamente, dice que Balzac fue el responsable de todo.
Prefiero pensar que el amor, no está regido por el tiempo.

Honoré de Balzac.

(*) Comparto este relato/ensayo, con los lectores de La Opinión y La Voz del Sud. Agradezco la generosidad de permitirnos este espacio de expresión.

Me ha intrigado la consagración simultánea y persistente de Honoré de Balzac, a su enorme obra literaria, y a su enorme amor por Ewelina. Este texto contribuye a la intriga.