Reportajes

Fernando Javier Panelo,11-09-2022

Mi nombre es Fernando Javier Panelo, nací el 13 de julio de 1979 en San Luis. Gran parte de mi vida la he vivido donde estoy ahora, en el barrio Las Américas. Tuve una infancia muy buena, típica de barrio, con fútbol, con la música siempre presente, con mi viejo tocando la guitarra aunque la ha dejado hace tiempo. Fui al colegio Don Bosco durante diez años, practicábamos básquet, en el barrio jugábamos al fútbol, también era de encerrarme y escuchar música, mucha música. Después fui al colegio nocturno donde terminé, me gustaba trabajar y en ese tiempo si uno quería tener plata a los trece años se podía trabajar y salir a los boliches, eso ahora no pasa.

Comencé a trabajar en una distribuidora de bebidas, era repartidor, andaba todo el día en la calle, me encantaba conocer gente. Actualmente soy electricista, tuve un bar propio llamado “Homero Pub”, hice reparto de lácteos para un súper, hasta hace poco tuve una pizzería que se llamaba Santino, después de la pandemia se hizo insostenible, pero bueno, siempre salí adelante. Nunca tuve instrucción vocal, se me fue dando simplemente cantando, el chico típico que iba cantando en el auto, en el baño, en la mesa, aturdía, era cansador.

Lo primero que canté cuando tenía seis o siete años, fue un tema folclórico, mi viejo tocando la guitarra, me hizo cantar “Duerme, duerme negrito”, de Teresa Parodi. Me gustaba cantar folclore y las canciones que escuchaban mis viejos. Nos despertaban los domingos escuchando en el equipo de casa, a todo volumen, donde sonaban Los Cantores del Alba, pasando por José Vélez, Franco Simone, una mezcla de canciones que me llegó bastante, la variedad hizo mucho en mí, me gustaban los diferentes registros, yo buscaba permanentemente, la música era lo único que me movilizaba.

Cuando comencé en una banda, fue en momentos que mi hermano ya venía armando la suya, de estilo punk, yo tenía veinte y arme con ellos “Sin Causa”,logramos hacer mucho, viajábamos, componíamos, hasta grabaciones en vivo, dos en CD con temas propios. Desde ahí nos tomamos en serio la música, después la banda comenzó a decaer, perdimos un poco la euforia, y no hicimos más nada, pero no hubo bronca.

Yo sabía que se me daba más o menos el registro de los redondos, e intenté hacer una banda tributo. Me costó dos o tres formaciones hasta que llegó “La Yugular”. Conocía los temas, porque estaba en el mundo del rock, y cuando va pasando el tiempo uno se va metiendo aunque no quiera, llevo once años con la banda y hay cosas que me siguen sorprendiendo. Es una forma de ver la realidad, lo social y en nuestro país siempre hay hechos que se repiten.

Soy una persona que siempre se está relacionando con los demás, antes del show, conociendo a quienes nos van a ver, cuando me gritan en la calle quiero saber quién es, y creo que eso también ayuda a la banda, no es llegar a un lugar, tocar e irnos, nombro a todos los que están allí, intercambio mucha energía, me recargo de ellos, está muy bueno porque somos todos vecinos, tanto acá como en Mercedes.

Hemos tocado en Mendoza y San Juan con una repercusión grande, en Río Cuarto, donde nos costó más, pero la próxima será mejor. Una vez fuimos a Mendoza con un colectivo lleno, a copar el lugar con nuestra gente, fue un encuentro hermoso. Hay un grupo de gente que está desde la hora cero con nosotros, se autodenominan la familia, son de mi edad más o menos, yo les digo que están enfermos (se ríe), porque si sale un toque, por pequeño que sea, nos acompañan y se van sumando cada vez más.

En lo familiar me falta madurar un par de cosas y lograr afianzarme en mi familia, artísticamente hay una pequeña ventana dentro de nuestra composición que se abrió para lograr algo más. Agustín, el violero, está tirando un par de cosas y vamos a explotarlo, es un gran músico. Estamos tratando de difundir material en vivo, ya que somos una banda tributo, para abrir puertas en otras provincias.

En Panacea, la cueva del rock donde nacimos, pudimos tocar junto a Gabriel Conejo Jolivet (guitarra) y Walter Sidotti (batería), músicos de los redondos. Fue tremendo verlos tocar. Como contracara tuve la oportunidad de tocar con el batero de La Renga (se ríe), el tanque Iglesias, fueron cinco temas con mi banda Sin Causa, que, a propósito, ni siquiera tengo una foto con él. Darme vuelta y pedirle un tema más, con su respuesta afirmativa, fue fuerte para mí. Mi familia me apoya íntegramente: en mi otra banda está mi hermano, estuvo mi primo, en casa somos tres varones y siempre me acompañaron, mis viejos son grandes y me apoyan todo.

La música es hermosa, me ha dado mucho, hay que saber cuidarse, como da también quita, en la noche he pasado varios parámetros, he logrado superar muchos y hay muchos por superar. Tratamos de hacer un show que recuerde a los redondos con un sonido asemejado, para el que nunca los vio que pueda tener idea de cómo es una misa ricotera, venimos replicar, el profeta es el indio.