Expresiones de la Aldea, Notas Centrales, San Luis

Un refugio

La historia del ex cautivo Santiago Avendaño y su paso por San Luis

Por Graciela R. Santamaría (*)

Santiago Avendaño fue capturado por los ranqueles cuando tenía siete años, en el sur de la Provincia de Santa Fe. Vivió entre ellos a lo largo de casi una década, de 1842 a 1849. Cuando pudo huir de las tolderías, ubicadas en la zona de Toay (actual provincia de La Pampa), y luego de dramáticas instancias por la falta de comida y agua, logró llegar a las cercanías de la ciudad de San Luis. 

Comenzó a escribir sus Memorias en 1854. Su compilador, el padre Meinrado Hux, sostiene que más que memorias fueron una descripción de lo que vio y vivió entre los indios, de allí su enorme valor para los historiadores. En todo momento resalta que fue muy bien tratado; que el cacique que lo “adoptó”, Caniú, lo mantuvo junto a sus hijos, como si fuera uno más de ellos, y Santiago lo llamaba padre. Tenía un cierto manejo de la lectoescritura, considerado como una gran virtud por los indios.

Sin embargo, no dejaba de extrañar a sus padres y hermanos, a la vez que ansiaba la posibilidad de recuperar su libertad.

La oportunidad se presentó a principios de noviembre de 1849, en ocasión de producirse un gran malón hacia San Luis a la zona del Morro, que alejó de las tolderías a buena parte de los indios. Tomó un par de caballos e inició su periplo.

Después de siete días de penurias, cuando ya pensaba que moriría de sed, llegó a la casa de un hacendado, Rufino Natel, a dos leguas al sur de la población de San Luis.

Apenas se recuperó, fue llevado ante el Gobernador, don Pablo Lucero. 

“Nos dirigimos, pues, a la ciudad de San Luis por un camino a través de las grandes espesuras del bosque (…) de frondosos algarrobos, chañares, molles y piquillines (…)”.

Antes de llegar al poblado se encontraron con el Jefe de Policía don Carmen Adaro y dos soldados enviados por el Gobernador a buscarlo. 

“Llegamos por fin a las primeras quintas que circundaban al centro de la población”. En primer lugar fueron a la casa de don Rufino, allí le presentaron a toda su extensa familia y luego lo condujeron a la casa del Gobernador.

“Entramos a la plaza principal donde vi un buen templo que estaba a uno de sus costados. Pasamos por delante del antiguo y arruinado Cabildo. Doblamos después hacia el poniente y, a la media cuadra, estuvimos frente a la casa del gobernador, que estaba en la acera izquierda.

La casa me parecía fea, aunque su frente estaba blanqueado y sus ventanas pintadas. Pero, como vi que había en la puerta de la calle una guardia, ya no dudé que allí era”.

Lucero lo hizo pasar a su cuarto, donde se encontraba leyendo. No escapó a la perspicacia del joven Santiago el libro que estaba leyendo: “Las Leyes de Colón (de las Indias)”. 

El muchacho llegó con el aviso de un gran e inminente malón al Morro y, por poco, logró que se tomaran algunas medidas defensivas y se rechazara a los indios, no sin grandes pérdidas (ese episodio lo relataremos en otra nota). Los pobladores de San Luis manifestaron su admiración y agradecimiento invitándolo a sus casas. Así, tuvo oportunidad de visitar los hogares de Gregorio Calderón, del coronel Pío Quinto Cufré, Cornelio Lucero, Policarpo Lucero, Raymundo Pereyra, Manuel Arias, Gumersindo y Pedro P. Calderón, y varios vecinos más, incluyendo al Padre Tula.

El Gobernador lo mantuvo alojado en su propia casa. Dormía en su misma habitación. Lo envió a la escuela porque, con tanto indio en movimiento, no era seguro conducirlo a Buenos Aires. Cuarenta y tres días pasó en San Luis.

“No puedo quejarme sin ser un ingrato, y puedo decir con toda verdad, que aquellos cuarenta y tres días que estuve en San Luis eran todos de gozo para mí, que había conocido en mi vida tantas pesadumbres (…)”.

Al momento de partir, se despidió de todos los que había conocido. La señora del Gobernador lloró amargamente ya que su opinión era que no debía viajar tan lejos con el correo, sino esperar que viniera a buscarlo uno de sus hermanos mayores. Ciertamente la intuición de la dama no estuvo muy errada: lo llevaron ante Rosas, quien lo tuvo años retenido en los cuarteles de Palermo, sin que pudiera irse con su familia. Sus penurias terminaron recién después de Caseros.

Con el tiempo, trabajó como intérprete del Gobierno frente a los indios. Su vida fue corta, murió en Azul, asesinado en 1874 junto al cacique Cipriano Catriel para quien, por ese entonces, oficiaba como secretario.

(*) Este artículo es gentileza de Historiadores de San Luis: https://www.facebook.com/profile.php?id=100063481325400

Imagen: Pablo Lucero (1799-1856) fue un militar y gobernante argentino, jefe del
Partido Federal y gobernador de la provincia de San Luis durante la década de 1840.