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Bangladesh, un país sufrido y extraordinario

Los festejos por el triunfo argentino en el Mundial de Fútbol llegaron a Bangladesh. El recorrido de una nación marcada por su historia colonial

Por Guillermo Genini

Las recientes noticias que mostraban los masivos festejos de la población bangladesí por el triunfo de la Selección Argentina en el Mundial de Fútbol de Catar sorprendieron a nuestro país. De inmediato se buscaron los motivos por los cuales este país, integrante de la gran familia de las naciones del subcontinente indio, se había plegado con fanatismo a seguir a Messi y sus compañeros. A poco de adentrarse en su pasado reciente surgieron vinculaciones que lo relacionaban con la amarga experiencia de la dominación colonial británica, el impacto del inicio de las transmisiones televisivas, especialmente del Mundial de Fútbol de México 86, y la admiración por la figura de Diego Maradona. Sin embargo, la historia de Bangladesh encierra una experiencia sufrida de la nación que hasta hace pocos años fue considerada la más pobre del mundo. 

El origen

El origen del actual Bangladesh se hunde en las más profundas raíces de los grandes movimientos humanos de la Antigüedad y en la región histórica de Bengala. Se considera que la población bangladesí y su idioma bengalí representan las expresiones más orientales de los pueblos indoeuropeos que vivieron una extraordinaria expansión desde el segundo milenio antes de Cristo. A lo largo de muchos siglos la región de Bengala, tal como se la conoció hasta el siglo XX, formó parte de distintos imperios y reinos que se sucedieron en el dominio del extenso subcontinente indio. Ninguno de ellos puso en riesgo la supervivencia de la numerosa población que se mantenía gracias a la abundante producción agrícola de sus fértiles tierras y a una variada fauna que incluía el portentoso tigre de Bengala, actualmente considerado su símbolo nacional.

Además de su origen étnico y lingüístico un rasgo identitario que se incorporó a Bengala fue su conversión al islam, fenómeno que comenzó en el siglo XII cuando se asentaron comerciantes musulmanes provenientes de Persia y Arabia, quienes difundieron la nueva fe que adoptada por un importante parte de la población local. A la conversión religiosa le siguió el cambio de régimen político pues desde el siglo XIV se impuso como forma de dominación el sultanato de Bengala que tuvo su principal centro administración la ciudad de Daca. 

La época colonial

La falta de unidad política de la región Bengala no fue un gran problema para la numerosa población que veía pasar a reyes, sultanes y emperadores como parte de su experiencia histórica milenaria. Sin embargo, esta situación cambió con la llegada de los primeros europeos en el XVI. Fueron los portugueses quienes se asentaron inicialmente en territorio del actual Bangladesh, que aprovechando las divisiones internas dominaron el estratégico puerto de Chittagong. Desde ese punto expandieron su dominio comercial hacia otras regiones costeras y del interior estableciendo factorías y enclaves. Pese la fragilidad de las alianzas y de constantes combates del Imperio Mogol, los portugueses permanecieron en Bengala hasta su expulsión a fines del siglo XVII. 

Pero el vínculo comercial establecido por los portugueses había atraído a otros europeos a la región de Bengala. Así holandeses, franceses y sobre todo ingleses quisieron aprovechar el lucrativo comercio de especias, té, telas de algodón, muselinas y otros productos bengalíes. Los que obtuvieron mayores éxitos fueron los ingleses, quienes a través de la Compañía Británica de las Indias Orientales lograron someter por medio de combates y alianzas firmes bases en Bengala. Su principal zona de comercio se instaló en la desembocadura del Río Ganges.

A comienzos del siglo XVIII la Compañía, que detentaba el monopolio comercial entre la India y Gran Bretaña, se instaló en forma permanente teniendo como centro la ciudad de Calcuta. El debilitamiento del Imperio Mogol facilitó que los ingleses pasaran de ser comerciantes a ejercer la tutela de los reinos locales y finalmente a exigir el autogobierno de vastas regiones de la India, entre ellas, Bengala.

La Corona británica había cedido su autoridad política y representación a la Compañía Británica de las Indias Orientales y es por ello que los agentes y militares de esa Compañía fueron los encargados de someter a los distintos reinos de la India a su dominio. Un momento clave en este proceso fue la Batalla de Plassey, en 1758, donde el general Robert Clive derrotó al nabab de Bengala y a las tropas francesas que lo apoyaban.

A partir de entonces los británicos tomaron posesión de Bengala sometiendo a su dominio a todos los reinos locales, expulsando a los franceses de la región y convirtiendo a Calcuta en la primera capital británica de su domino en la India. A su vez la forma en que el dominio británico se instaló en Bengala fue el ejemplo a imitar para la conquista del resto de la India en el siglo XIX.

Las formas de dominio británico de Bengala demostraron crueles ribetes pues los representantes de la Compañía sometieron a la población bengalí a drásticos cambios de vida en búsqueda de maximizar sus ganancias. Tal vez la de mayor consecuencia económicas y sociales fue la prohibición de realizar tejidos de algodón a comienzos del siglo XIX, obligando a la población a dedicarse al cultivo de algodón y otros productos para la exportación.

Este terrible cambio, que rompía con siglos de producción tradicional de telas y tejidos por parte de los bengalíes, se originaba en la Revolución Industrial que estaba viviendo Gran Bretaña. Para asegurar el mercado para sus telas, los británicos se propusieron destruir toda competencia, entre ellas especialmente la producción de telas de algodón de la India, y aumentar la producción de algodón como materia prima para la creciente industria textil británica.

Simultáneamente exigieron el aumento de la producción de muselinas, la tela más cara y demandada del mundo, que se producía solamente en Daca. Ante la presión británica y como consecuencia de la destrucción del sistema de trabajo que sostenía la producción de telas de algodón, los tejedores de muselina desaparecieron y el conocimiento de su producción se perdió para siempre.

El dominio británico comenzó con la victoria de Robert Clive en la batalla de Plassey, en 1757. Pintura de Francis Hayman.

La desindustrialización

Con el cambio brutal de prácticas productivas, Bengala entró en el siglo XIX en un período de desorganización social, alimentaria y política, pues gran parte de la población que se dedicaba a la producción artesanal de telas se vio obligada a dejar su forma tradicional de vida y dedicarse al cultivo de algodón y otras materias primas.

Así, Bengala fue una de las regiones que vivió uno de los primeros procesos de desindustrialización del mundo, al punto que se les cortaba los pulgares a los tejedores para impedir que continuaran con su producción tradicional. La ruina de la industria textil bengalí expulsó a gran parte de la población a la mendicidad y la delincuencia, pues la agricultura de exportación no podía absorber la mano de obra desocupada y que carecía de los conocimientos y prácticas para esa tarea.  Muchos bengalíes encontraron ocupación dentro de los regimientos de cipayos, soldados indios al servicio del Ejército Británico, y es por eso que las tropas de cipayos bengalíes fueron la base de las fuerzas militares con las que los británicos conquistaron y sometieron a otras regiones de la India. 

Hasta mediados del siglo XIX parecía que el dominio de la Compañía Británica de las Indias Orientales estaba firmemente asentado en Bengala y otras regiones de la India. Pero en 1857 la Sublevación de los Cipayos de Bengala puso en evidencia que el orden colonial británico había generado en realidad un aumento de la pobreza en la población sometida y originado resistencia ante los cambios administrativos y tecnológicos introducidos desde Gran Bretaña.

Si bien la Sublevación de los Cipayos fue derrotada con grandes esfuerzos en 1858, ello significó el fin del dominio de la Compañía Británica de las Indias Orientales y la instalación del gobierno directo de la Corona Británica por medio del Raj británico. Este cambio dentro del Imperio Británico no mejoró la situación de Bengala pues las hambrunas, que solían producirse en una población sometida a frecuentes inundaciones y torrenciales monzones, se profundizaron y se hicieron cada vez más frecuentes.

A ello contribuyó el cambio de las prácticas agrícolas que los británicos orientaron al algodón, el opio y el yute con fines comerciales en lugar de la producción de alimentos. Además, las autoridades imperiales de la India, imbuidas en las ideas darwinianas de la eugenesia sostenían que las hambrunas eran parte de los mecanismos propios de la Naturaleza para mantener el equilibrio de las poblaciones humanas, negaron todo tipo de auxilio para paliarlas. Así en 1770, 1876 y otros episodios posteriores como en 1942 y 1943, murieron millones de personas en Bengala.

Una nueva nación

Bajo esta realidad histórica era lógico que las tendencias independentistas tuvieran en Bengala un gran apoyo desde comienzos del siglo XX. Sin embargo, una particular problemática ponía en duda la conveniencia de su concreción. La política censal y de empleo británico en la India había favorecido la división de la población musulmana de la hindú en sus dominios y, por lo tanto, se generaba en Bengala una situación particular.

Gran parte de los bengalíes eran musulmanes y de lengua bengalí, sobre todo en su porción oriental, mientras que en la parte occidental con el mismo idioma predominaba la religión hindú. Esto provocaba que ante una eventual independencia el Imperio Británico debía garantizar la convivencia entre las dos poblaciones.

Es por ello que, pese a que se ensayó una división de Bengala en 1905 que no prosperó (la parte Occidental con capital en Calcuta y la Oriental con capital en Daca), la diferencia religiosa fue fundamental para la división de Bengala en dos países cuando se retiró el Imperio Británico, en 1947. Así Bengala Occidental se integró a la República de la India, mientras que Bengala Oriental pasó a formar parte de Pakistán, bajo el nombre de Pakistán Oriental.

Pese a las promesas que las dos partes de Pakistán se mantendrían juntas y en igualdad de derechos, en la práctica la población musulmana bengalí veía como el Pakistán Occidental, con su capital en Islamabad, fue dominando la estructura política, económica y cultural de la nueva nación.

Esta situación comenzó a originar un movimiento de resistencia en la población de Pakistán Oriental que se expresó primeramente en la valoración y defensa de su idioma bengalí como símbolo de una identidad propia, y posteriormente en la fundación de la Liga Awami, partido político de carácter nacionalista que comenzó a discutir con el poder central la posibilidad de mayor autonomía.

A causa del escaso avance en el logro de la igualdad entre las dos partes de Pakistán, la Liga Awami bajo el liderazgo de Sheikh Mujibur Rahman en la década de 1960 lanzó un programa político propio basado en las ideas de democracia, socialismo y laicismo, lo cual era rechazado por Islamabad. Ante el aumento de las tensiones, el poder central paquistaní sostuvo su domino sobre los bengalíes por medio de la represión política y el control militar. 

Las tensiones alcanzaron su punto culminante en 1970 cuando un fuerte ciclón devastó la costa de Pakistán Oriental, matando a más de medio millón de personas frente a lo cual la respuesta del gobierno central fue casi nula. A ello se sumó el desconocimiento de los candidatos de la Liga Awami que triunfaron en las elecciones parlamentarias de ese año. Cuando Mujibur Rahman fue arrestado el 26 de marzo de 1971 y el Presidente paquistaní Yahya Kan lanzó la Operación Searchlight​ para dominar militarmente Pakistán Oriental, se inició la Guerra por la Independencia de Bangladesh, expresión que significa “el país de Bengala o de los bengalíes”.

La Guerra fue corta pero muy violenta, pues el ejército paquistaní utilizó métodos sangrientos e indiscriminados contra la población civil, por lo que fue acusado de provocar un verdadero genocidio que aún no ha podido ser cuantificado con certeza.  Con el sostén político y diplomático de la India se formó un gobierno en el exilio que declaró la independencia de Bangladesh y se dio apoyo al Ejercito de Liberación de Bangladesh, conocido como Mukti Bahini. Finalmente, las tropas del Bahini tomaron Daca en diciembre, se expulsó al ejército pakistaní y se reconoció su independencia definitiva el 16 de diciembre de 1971. Pese a quedar arrasado por la guerra y con una población sumida en la pobreza, una nueva y extraordinaria nación se presentaba ante el mundo.