Mujeres migrantes en las “invisibles” tareas de cuidado

Los trabajos relacionados con el cuidado constituyen la primera opción que encuentra la mayoría de las migrantes que llegan a Argentina. Muchas están sobrecalificadas para los puestos que ocupan y optan por reinventarse. Estas son las historias de doce mujeres que superaron obstáculos, crearon lazos y crecieron personal y profesionalmente.

“Desde mi corazón” es el primer libro escrito por Zunilda Valencia. Allí cuenta la historia de la primera persona a la que cuidó después de llegar a Argentina desde Maracaibo, Venezuela. Ella es Doctora en Ciencias de la Educación y trabajaba como directora de escuelas rurales en su país natal, del que debió huir por el deterioro de la calidad de vida de su familia, a pesar de contar con formación académica de cuarto nivel. Cuando llegó a Buenos Aires, en 2016, su doctorado tampoco le fue de utilidad; al menos, no de manera inmediata: uno de sus primeros empleos fue como personal de limpieza en una escuela.

El tránsito no fue fácil para esta venezolana de 53 años de edad, pero al evaluar el camino andado afirma que creció personal y profesionalmente: “Antes de tomar la decisión de migrar, yo era una mujer invisible”. 

 “Tomar la decisión de migrar es terrible. Uno se desprende no tanto de lo material, sino de lo afectivo”, dice Zunilda, que vendió todas sus pertenencias para poder comprar los pasajes y llegó a Argentina con 23 kilos de equipaje y 100 dólares. Dejó a sus tres hijas de 22, 18 y 11 años de edad en Venezuela con la idea de juntar dinero suficiente para traerlas y brindarles un futuro mejor, lo cual pudo hacer un año después de instalarse en Buenos Aires. 

“El primer empleo que encuentra la mayoría de las migrantes, no importa la calificación que tenga, es el espacio de trabajo de cuidado”, asegura Ana Inés Mallimaci, investigadora del Centro Científico Tecnológico del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y especialista en sociología de las migraciones y estudios de género. 

En Argentina, según el último informe del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social (2020), aproximadamente 1,4 millones de personas están ocupadas en el trabajo en casas particulares. De esas personas, 99,3% son mujeres mayores de 35 años. Las mujeres migrantes constituyen 9,1%, un porcentaje que triplica al que ocupan en otros rubros, en donde representan tan solo 3,9% del total. La otra diferencia con respecto a las mujeres nacidas en Argentina es que mientras el grado de calificación de quienes realizan estas tareas es bajo (solo 11,7% está por encima de lo requerido), las mujeres migrantes están por lo general sobrecalificadas para ese puesto. Además, 76,8% de este trabajo se realiza en condiciones de informalidad.  

Para Mallimaci estos problemas seguirán existiendo “mientras se siga considerando al trabajo de cuidado como poco relevante”. 

Zunilda llegó a Argentina como otras 173.200 personas refugiadas y migrantes de Venezuela que, según el estudio realizado por la Red de Investigaciones de Derechos Humanos y la Plataforma R4V arribaron al país en los últimos seis años. Para ella, migrar implicó un cambio radical y hasta revolucionario. Nunca había salido de Venezuela: “Yo era una mujer opaca, gris. Dejé de vivir mi vida por vivir la vida de los demás”, dice.   

Cuando comenzó a cuidar a María, una señora de 91 años, descubrió que había otras personas que, como ella, se sentían invisibles. “Cuando el adulto tiene la oportunidad de sentirse escuchado, admirado, siente que a pesar de la vejez su historia es importante”, comenta. Por eso le prestó sus oídos a María y se sorprendió con el relato sobre su hija desaparecida durante la última dictadura militar argentina. Tomó un cuaderno para comenzar a reivindicar palabras, honrar recuerdos y construir memorias.

Con María como protagonista, Zunilda escribió “Desde mi corazón”, el primero de los 8 libros que ya lleva publicados con el sello de su incipiente editorial, llamada “Detrás de las palabras”. Allí trabaja  junto con otras siete mujeres, 5 de ellas migrantes también. 

María le contó a “Zuni” (como la apodaba afectuosamente) sobre su hija, que tenía 18 años en aquel entonces. “Imagínate que todavía para hablar de ese momento tan terrible ella bajaba la luz, pensaba que alguien podía escuchar y que podían tocarnos la puerta”, comenta Zunilda.  

El libro fue un regalo para la familia de María. Y aunque ella no alcanzó a ver la obra impresa, su hijo y sus nietas atesoran esas memorias vertidas en papel. Después de eso Valencia escribió su historia, entrevistó a su propia madre y a otras personas que le fueron encargando ese trabajo.

Zunilda dice que encontró el oficio que quiere hacer toda su vida. En ese sentido, tiene proyectos a futuro, entre ellos crear una ONG que publique en una revista las historias de quienes no pueden pagar por su publicación y difusión. “La combinación de migrar y escribir ha sido perfecta para despertar en mí a esta nueva mujer que ahora, cuando se mira al espejo, ama su reflejo”, asegura.  

Sus libros son también el reflejo de muchas historias argentinas que serán recuperadas por la mirada de una docente que las cuenta desde su corazón, y que llegó de Venezuela sin saber que en la valija también traía el don de la escritura. 

Pero su historia, además, es la de muchas otras mujeres migrantes que se dedican a las tareas de cuidado, a veces invisibles, y ejercidas en todas sus formas. 

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Créditos

Textos y edición de podcasts: Agustina Bordigoni

Acompañamiento editorial: Edgar López

Edición de video: Marina Balbo

Diseño web: Adriel Gómez

Diseño de portada: Bachi

Fotos: Archivo General de la Nación

Producción realizada en el marco de la Sala de Formación y Redacción Puentes de Comunicación III, la Escuela Cocuyo y El Faro. Proyecto apoyado por DW Akademie y el Ministerio Federal de Relaciones Exteriores de Alemania.

Producción realizada en el marco del curso Puentes de Comunicación II de la Escuela Cocuyo, apoyado por DW Akademie y el Ministerio Federal de Relaciones Exteriores de Alemania.