La Aldea y el Mundo, San Luis

La aventura comienza (Parte II)

Fabricio Daniele

En esos días recibimos la hermosa noticia, Veronica estaba embarazada de Gianna, nuestra primera hija. Unos meses más tarde decidí salir a buscar trabajo en el centro de Londres en el rubro hotelero que es mi pasión y vocación, rápidamente conseguí un puesto de gerente operativo en el Hotel Hilton en Green Park que se convirtió en mucho más que una simple fuente de ingresos. Cada día, me sumergía más en el mundo de la hotelería, aprendiendo los gajes del oficio y adquiriendo habilidades que nunca antes había imaginado tener. Desde la gestión de personal hasta la planificación de eventos, cada tarea me desafiaba y me inspiraba a superarme a mí mismo.

A medida que ganaba experiencia y confianza en mi trabajo, comencé a buscar nuevas oportunidades para avanzar en mi carrera. Me inscribí en cursos de capacitación y asistí a conferencias profesionales, buscando ampliar mis conocimientos y conectar con colegas de la industria. Con cada paso que daba, me acercaba un poco más a mi objetivo de alcanzar el éxito en el mundo hotelero.

Después de tres años de arduo trabajo y dedicación, llegó el momento de dar el siguiente paso en mi carrera. Una oportunidad única se presentó cuando me ofrecieron un puesto en el prestigioso Dorchester Hotel, uno de los hoteles más exclusivos y lujosos de Londres. Fue un momento emocionante y aterrador al mismo tiempo, ya que significaba dejar atrás la familiaridad y la comodidad del Hilton para enfrentarme a un nuevo desafío en un entorno completamente diferente.

Mi primer día en el Dorchester Hotel fue todo lo que había esperado y más. Desde el momento en que entré por las puertas del majestuoso edificio, supe que estaba en un lugar especial. El ambiente era palpablemente elegante y sofisticado, y cada detalle estaba cuidadosamente diseñado para brindar a los huéspedes una experiencia inolvidable.

Como gerente operativo, mi trabajo era garantizar que cada aspecto del hotel funcionara sin problemas, desde el servicio de habitaciones hasta el mantenimiento de las instalaciones. Trabajaba codo a codo con un equipo de profesionales dedicados, cada uno de los cuales compartía mi pasión por la excelencia y mi compromiso con la satisfacción del cliente.

A medida que me sumergía en mi nuevo papel, me di cuenta de que estaba en mi elemento. La atmósfera de elegancia y lujo del Dorchester Hotel me inspiraba a dar lo mejor de mí mismo cada día, y pronto me encontré liderando proyectos importantes y tomando decisiones cruciales para el éxito del hotel.

Una de las cosas que más disfrutaba de mi trabajo en el Dorchester Hotel era la oportunidad de interactuar con personas de todo el mundo. Desde celebridades y dignatarios hasta viajeros de negocios y turistas, cada huésped tenía una historia que contar y una experiencia que compartir. Me sentía privilegiado de ser parte de sus vidas, incluso si solo era por un breve momento. Atesoro un sinfín de historias fascinantes y secretos de mis experiencias con esas personalidades que quizás algún día me atreva a contar.

Pero a medida que mi carrera en el hotel florecía, también llegaba a comprender los sacrificios que conllevaba. El trabajo exigía mucho de mi tiempo y energía, y a menudo me encontraba sacrificando momentos preciosos con mi familia en aras del éxito profesional. A medida que mis hijos crecían (llegó nuestro hijo Vinicio en el 2007) y mi esposa se enfrentaba a sus propios desafíos, me di cuenta de que tenía que tomar una decisión difícil: ¿seguir adelante con mi carrera o priorizar mi vida familiar?

La respuesta no fue fácil de encontrar, pero después de mucha reflexión y discusión con mi esposa, supe lo que tenía que hacer. La familia siempre ha sido y siempre será mi prioridad número uno, y no estaba dispuesto a sacrificar mi relación con ellos por el bien de mi carrera. Con el corazón pesado, renuncié a mi puesto en el Dorchester Hotel y comencé a buscar nuevas oportunidades que me permitieran encontrar un equilibrio entre mi vida profesional y personal.

Fue una decisión difícil de tomar, pero al final, sé que fue la correcta. Aunque dejé atrás una carrera en el mundo hotelero, gané algo mucho más valioso a cambio: el amor y el apoyo incondicional de mi familia. Y con eso a mi lado, sé que puedo enfrentar cualquier desafío que el futuro tenga reservado para mí.

Tras dejar mi trabajo en el mundo hotelero, me uní a uno de los bufetes de abogados más grandes y prestigiosos del mundo como gerente de trabajo corporativo. Ingresar al mundo de la abogacía corporativa fue un cambio radical para mí, pero también una oportunidad emocionante de crecimiento y aprendizaje. En el bufete de abogados, me sumergí en el complejo mundo legal de Londres, asistiendo en casos que abarcaban desde fusiones y adquisiciones hasta litigios comerciales internacionales. Cada día presenta nuevos desafíos y me desafiaba a superar mis límites, pero también me brinda una gran satisfacción personal al poder ayudar a clientes a resolver sus problemas legales de manera efectiva y ética.

Por otro lado, mi esposa volvió a trabajar después de varios años de criar a nuestros hijos con renovada pasión y dedicación. Empezó a trabajar como maestra de niños con desafíos de aprendizaje que era un desafío gratificante pero exigente, que requería paciencia, comprensión y creatividad. Sin embargo, ver el progreso y el crecimiento de sus alumnos era una recompensa en sí misma, y mi esposa encontraba una profunda satisfacción en el impacto positivo que podía tener en las vidas de esos niños.

Nuestra familia creció con la llegada de nuestra tercera hija, Maia, en 2010. Criar a tres hijos en una ciudad como Londres tenía sus desafíos, pero también sus recompensas. Nos esforzamos por brindarles una educación de calidad, exponiéndolos a diversas culturas, idiomas y experiencias desde una edad temprana. Aunque a veces extrañábamos la tranquilidad y la familiaridad de nuestro hogar en Argentina, sabíamos que estábamos brindando a nuestros hijos oportunidades únicas y experiencias enriquecedoras que los ayudarían a crecer y desarrollarse como individuos.

A pesar de estar lejos de nuestra tierra natal, siempre nos esforzamos por mantener vivas nuestras tradiciones y valores argentinos en nuestro hogar. Celebramos las fiestas argentinas con entusiasmo y alegría, preparando comidas tradicionales, bailando nuestra música y compartiendo historias sobre nuestra cultura y herencia con nuestros hijos.

A medida que reflexionamos sobre nuestros años en Londres, nos dimos cuenta de lo lejos que habíamos llegado desde nuestros humildes comienzos en Argentina. Hemos enfrentado desafíos y sacrificios en el camino, pero también hemos experimentado momentos de alegría, amor y crecimiento. Nuestra familia había crecido y evolucionado juntos, enfrentando los altibajos de la vida con valentía y determinación.

La distancia de nuestros seres queridos en Argentina a menudo pesa en nuestros corazones, especialmente durante los momentos difíciles. La pérdida de nuestros padres y de mi suegra nos dejó con un profundo sentido de tristeza y nostalgia, y nos recordó la importancia de valorar cada momento que pasamos con aquellos que amamos.

A pesar de estas dificultades, encontramos consuelo en el apoyo mutuo y en la fuerza de nuestra familia, nuestros amigos y lo más importante de nuestra creencia como cristianos. A través de las risas y las lágrimas, aprendimos a valorar cada día como un regalo precioso y a encontrar la belleza en los pequeños momentos de la vida cotidiana.

Mientras mirábamos hacia el futuro, nos sentimos llenos de esperanza y optimismo. Sabemos que habría más desafíos y oportunidades en el horizonte, pero estábamos listos para enfrentarlos juntos, como una familia unida.