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ROMPIENDO EL SILENCIO


Las Eulalias, un grupo de feministas comunicadoras de Catamarca, editaron un libro con relatos de personas que enfrentaron abortos, maltrato y desinformación, y también cuenta historias de mujeres que sufrieron violencia de género. Sanar individual y colectivamente será tan importante como la empatía
 

Por María José Corvalán

“Recuerdo que su cara se desfiguraba cada vez que nos pegaba. La agarró de los pelos y le gritó ´puta’. Le pegó una trompada, la ridiculizó ante toda la familia y la sentenció: ‘Ahora lo vas a tener, puta de mierda, a ver si así sentás cabeza’”.

Este y otros relatos son parte de un libro y a su vez de un proceso de transformación que se logró en Catamarca, gracias a la iniciativa de un grupo de periodistas comprometidas con la comunicación y los derechos humanos de las mujeres. “Relatos que rompieron el silencio” es un libro, pero también es un espacio de encuentro, de escucha y de voces que sigue creciendo, que busca sanar y sacar de la clandestinidad, de la vergüenza y del miedo las historias de abortos.

Las Eulalias se definen como “un grupo de comunicadoras feministas catamarqueñas que, caminando los senderos de la solidaridad y la reivindicación de nuestros derechos como mujeres, nos encontramos y enlazamos nuestras manos dándole significado a la sororidad” y cumplen su tarea en una sociedad conservadora, con fuerte presencia católica y de valores tradicionalistas. Pero es una provincia como cualquier otra, hay abusos, restricciones a los derechos, falta de Educación Sexual Integral, de salud sexual y reproductiva y por supuesto abortos clandestinos.

Laura García Vizcarra es periodista, activista feminsta, integrante de Las Eulalias y cuenta que “mientras se debatía la ley de aborto en el Congreso de la Nación, en Catamarca empezamos a reunir algunos relatos de personas que habían atravesado situaciones de aborto, tanto mujeres como varones, y convocamos a las actrices de la provincia para pedirles que le pusieran voz a esos relatos, así empezaron las noches de tertulia”.

Primero en un bar, luego en otro Las Eulalias convocaban a encuentros literarios en donde se hablaba de aborto en primera persona y en público. En cuanto la gente llegaba, se acomodaba y pedía algo para tomar, las periodistas hacían una presentación de forma breve contando lo que iban a escuchar y daban paso a la acción central.

Allí aparecían las actrices que ponían cuerpo y voz, que interpretaban el relato de alguien que lo había vivido y luego lo había escrito y enviado, a veces por mail, por mensaje privado de Facebook o hasta por WhatsApp.

Cada vez iban más personas así que el cuarto o quinto encuentro, ya no lo recuerdan bien, tuvieron que hacerlo en un hostel para que entraran más personas.

“El hecho de que hayan llegado tantos relatos, tantas historias de personas, de mujeres sobre todo, que se animaron a romper el silencio nos sorprendió mucho porque se trata de una sociedad muy conservadora, en donde el silencio es moneda corriente y es muy difícil que puedas a viva voz contar lo que te pasa.

Hay mucha condena social, son condenadas todo el tiempo las mujeres, y cuando los relatos comenzaron a llegar y empezaron a tener voces y protagonistas, y empezaron a cobrar vida, a revivir esos dolores, se comenzó a sanar, una sanación individual y una sanación colectiva como sociedad”, afirma Laura.

Los relatos seguían llegando y las noches de vigilia e intercambio atraían a activistas feministas, pero también a personas curiosas que querían saber de qué se trataban estos encuentros y llevarse la foto con su actriz o actor favorito.

¿Y ahora qué hacemos? debe haber sido la pregunta de este grupo, con tantas historias calladas por años, por miedo, por amenazas, por dios, por el patrón y por las dudas. 

Hicieron un libro.

Las Eulalias se formó cuando en la Argentina se debatía, en voz alta, por primera vez, sobre el aborto.

Cada año medio millón de mujeres abortaban en la clandestinidad y cuando volvían a sus casas, si volvían, enterraban el episodio. Nadie les preguntaba, nadie quería ver lo que habían sido, el terror y la vergüenza se quedaban con ellas. Pero ahora estábamos gritando lo que antes no se podía nombrar. Y entonces brotaron las voces, los recuerdos, las historias, como la sangre en los campos de batalla. Hubo, hay, tantas mujeres renaciendo en el pasado que es imposible contarlas. Imaginen. Medio millón por año. Todos estos años. Todavía en la clandestinidad. Pero ahora con voz para contarlo. Las Eulalias le pusieron oído y plumas a algunas de estas voces. Las de su comunidad” dice en el prólogo la periodista y escritora Paula Rodríguez.

Ilustración de Anita La Más Bonita.

Las Eulalias lograron interpelar a una comunidad más allá de los argumentos científicos, jurídicos, filosóficos apelando a la empatía, acercando la realidad sin estadísticas, sin mordaza, sin línea discursiva ensayada. Desnudaron frente a todos los ojos y oídos la verdad y sin presiones ni premuras en tomar posiciones, la dejaron expuesta.

“Esta propuesta editorial es nuestra forma de preservar, en la memoria, aquel 8 de agosto de 2018, cuando un grupo de 38 senadores votaba en contra del proyecto de Interrupción Legal del Embarazo y nos negaba, con su voto, el reclamo de miles de mujeres por ‘Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir’”, comparten en la introducción. Y para confirmarlo lo presentaron el 8 de agosto del 2020, en plena pandemia y desde la virtualidad, pero con excelente respuesta.

Fueron parte de la presentación Paula Rodríguez, autora del libro “Ni una menos”, quien escribió el prólogo de la obra, Sonia Santoro, periodista de Página 12 y especialista en género, Itatí Carrique, periodista salteña y compañeras de la Campaña por el Aborto Legal.

La voz de Las Eulalias estuvo representada por Yémina Castellino, una de las editoras del libro. y Ana Carrizo, ‘Anita La Más Bonita’, ilustradora de las historias

Anita La Más Bonita también es la más valiente, por su historia y su sensibilidad con las historias de otras: “Empecé a dibujar en la secundaria en los márgenes de mi carpeta pero lo dejé. En 2018 quise ser parte de esta lucha por el derecho a decidir y no tenía amigas que formaran parte de una colectiva feminista, nadie de mi entorno ni de mi familia, era como la nueva de la clase y tratando de pertenecer”.

Con esta inquietud es que Ana Carrizo dibuja la primera silueta de una mujer con un pañuelo verde y lo sube a las redes. Por esos días Las Eulalias organizaban las veladas en Catamarca y como dice Anita “mostraban la realidad de nuestra provincia, una realidad que se esconde bajo el manto de una virgen porque quienes sobrevivimos a un aborto clandestino somos juzgadas y nos tenemos que esconder, porque es una verguenza”.

Después de participar de uno de estos encuentros pudo escribir su propia historia y enviarla para que sea parte de las lecturas y así es como una de Las Eulalias le pidió un dibujo para hacer un flyer de convocatoria y la invitó a ser parte del grupo. “Luego surgió el tema del libro y me pidieron que ilustrara las historias, fue un gran desafío ya que solo dibujaba con fibras, y para poder hacerlo me compré una tablet, usé tutoriales y seguí a otras ilustradoras que también forman parte de esta lucha. Dibujé porque no sabía cómo ser parte y mis dibujos empezaron a trascender.

El libro tiene seis ilustraciones más la de la tapa, y la característica es el cabello de las mujeres que aparece siempre bien arreglado porque así nos enseñan, a tapar el dolor, a seguir haciendo de cuenta que nada pasó”.

El día de la presentación del libro Anita le pudo contar a su hijo adolescente la historia de su propio aborto y en la presentación pudo decir en público que sobrevivió a un aborto, “este libro llegó para mostrar que hay un montón de mujeres que abortamos”.

El libro resguarda diecisiete historias, algunas de violencias y abusos no reconocidos, muchas de desinformación de niñas y adolescentes enamoradas que no sabían qué significaba la frase “cuidate” dicha al pasar por alguna persona adulta que trataba, bastante poco, de advertir sobre los riesgos.

Las periodistas también recibieron historias de varones que acompañaron abortos y de chicas que fueron obligadas a abortar. Porque todo esto surge cuando se habla de abortos. 

“Después de un rato largo, mi mamá entró en silencio. ‘Tu papá está muy mal. No se esperaba una cosa así de vos. Se puede enfermar y va a ser por tu culpa. Así que fijate bien cómo vas a arreglar esta cagada que te mandaste’, me advirtió”. 

El libro se agotó de inmediato, empezaron a pedirlo de distintas partes del país y llegaron muchos más relatos esperando ser incluidos en próximas ediciones.

Las Eulalias están pensando en reeditarlo, cambiar la paleta de colores, incluir otras historias y organizar puntos de venta, porque al inicio solo hicieron doscientas copias de forma autogestionada que vendieron por un monto accesible para recuperar el aporte colaborativo que cada una hizo ante el proyecto.

No se lo esperaban, como tampoco esperaban que fuera declarado de interés por la legislatura de la provincia y por algunos municipios.

Sí esperaban una transformación social, porque estas comunicadoras que apuestan al periodismo colaborativo, que se hermanan para accionar juntas y entienden el valor de la fuerza colectiva sueñan con una sociedad sin violencias, sin desigualdad y sin maternidades forzadas. 

Cada frase, cada relato, es una persona decidiendo no callar más.

Como asegura Laura, “El poder decir, el poder de la palabra. Eso fue muy importante y por eso decidimos armar este libro polifónico de muchas historias que son absolutamente reales y que nos sirven para comprender que hay muchas circunstancias por las cuales se llega a un aborto y creo que eso genera empatía en la sociedad, nos ayuda a comprender”.

Ilustración de Anita La Más Bonita.