Expresiones de la Aldea, La Aldea y el Mundo, Notas Centrales

QUE NO ME LA REGALE…

Gabriela Pereyra

Kuyén ha llegado a la cita un rato antes. Aprovecha para fumar un cigarrillo en el auto que estacionó al borde del lago. Está anocheciendo y, como siempre, le incomoda un poco el silencio. Enciende la radio, recuerda que más temprano su hermano usó el coche por la emisora que está fija. Está por cambiar de sintonía, cuando una canción la atrapa por su manía de analizar las métricas:

“Luna, yo solo te pido este favor
sé que cada noche tú la ves
cántale por mí esta canción.
Dile que no soy feliz y que en ella siempre pienso
que no puedo serle infiel, júrale que esto es muy cierto.
Dile que no soy feliz, que tenemos mucho tiempo
y que no quiero vivir con un amor en cada puerto...”. “Así pasaba la Mona Jiménez con su tema Luna”, anuncia la voz reverberante de un locutor. Nada mal, piensa. Es una afirmación que será su secreto.

Otro auto se estaciona a la par y entonces ella desciende del suyo, aplasta el cigarrillo con el pie. Sonríe para recibir a su cita, mientras pide a sus pensamientos y expectativas que la dejen en paz un rato.

El hombre la besa con efusión. Va hasta el baúl y saca unas sillas de campo, una mesa, un mantel, una conservadora, un farol. Ella carraspea nerviosa y ofrece ayudarle.

Se sientan y él inicia una conversación trivial sobre su día, pero intercala las veces que ella se hizo presente en sus pensamientos, hace pausas, como esperando escuchar las veces que él estuvo en los suyos.

De reojo, ella advierte que el cielo es menos oscuro, es la luna, no sabe en qué momento apareció. Se desconcentra de la conversación y su voz interna empieza a aturdirla: –que no me la regale, que no me la regale, por favor, que no me la regale. Que no me la regale Él la ve distraída y mira el cielo, le toma la mano y dice: –te regalo la luna. Kuyén recupera la mano secuestrada y se disculpa: -perdón, me transpiran mucho. Y la seca contra su pantalón.

Ella es licenciada en literatura y da clases en escuelas y universidades. Se apasionó desde chica por las palabras y lo que ellas hacen, construyen y destruyen. Sabe casi todo de poética en torno a la luna, para bien o para mal, esto la ha condicionado a sentir que todo se ha dicho, y a la vez que muchas veces no era necesario vapulear tanto al satélite.

Leyó los poemas que inspiraron a Borges, y alguna vez pensó: ¿para qué más?, pero por supuesto, es personal. Moviendo los labios, sin emitir sonido, repite un fragmento, otra vieja manía:

Hay tanta soledad en ese oro.
La Luna de las noches no es la Luna
que vio el primer Adán. Los largos siglos
de la vigilia humana la han colmado
de antiguo llanto. Mírala. Es tu espejo.
“Dos lunas”, de Sona Babajanyan.

Atrapada en sus pensamientos cae en una endemoniada enumeración de los que han escrito a la Luna: Lorca, Antonio Machado, Borges, Lugones, William Wordsworth, Lord Byron, Shelley, Giacomo Leopardi, Tennyson, Poe, Thoreau, Brontë, Rosalía de Castro, Hopkins, Verlaine, Whitman, Baudelaire, Dickinson, Oscar Wilde, Benedetti, Yeats, Rilke, D. H. Lawrence, Agüero, Alfonsina Storni… pero sí, ese otro poema La Luna, de Jorge Luis, conformado por 92 versos endecasílabos distribuidos en 23 cuartetos con rima consonante, una perfección… el impulso por enumerar quiere seguir curso, y son ahora sus expectativas las que interfieren: que el amor romántico es algo impuesto culturalmente para hacer a las personas menos felices si no lo concretan, si nadie te salva… y que, volviendo a la luna, ha sido raptada para estos fines y feminizada, que además…

“El cortejante”, dijera su abuela, la trae de vuelta de sus pensamientos. Curiosamente no hay reproches en su rostro, solo quiere mostrarle de nuevo el cielo. Ella mira, y de un salto se pone de pie con los brazos en jarra sobre su cintura. Otra luna más pequeña, hay dos lunas. ¡Dos lunas! Se miran y ríen a carcajadas. En cómodo silencio, beben, y cada tanto vuelven a reír en complicidad.


Las noticias informan que los astrónomos pudieron dar respuestas a una especie de miniluna que estará girando cerca de la tierra por nueve meses. Durante ese tiempo acompañará a la luna en su órbita.
El objeto en cuestión fue descubierto el 19 de agosto pasado: sus descubridores lo denominaron 2020 SO
De acuerdo a la investigación publicada en la revista Science Alert, en base a las mediciones de la NASA, el cuerpo puede ser un fragmento del cohete Centaur, que se encargó de lanzar la misión lunar Surveyor 2, en 1966.
Será un visitante inesperado que, según sus cálculos, quedará atrapado debido a la atracción gravitatoria de nuestro planeta a partir de octubre y se mantendría hasta mayo de 2021.
Si es un asteroide, se consideraría una miniluna. Sin embargo, si se trata de un cohete propulsor, será solo otro pedazo de basura espacial que hemos arrojado a nuestro espacio.

¿Sabés qué?, a esta otra luna ¡ni loco te la regalo!, le dice. Kuyén sonríe con cierta paz.