Expresiones de la Aldea, San Luis

El timbre

Por Stella Maris Nicotra (*)

Ella se sienta en la terraza inerte de momentos. Se toca los labios secos. Recuerda bajando sus manos. Él le había arruinado la percepción de sí misma tan solo con dos palabras.

Se levanta y en la noche lánguida a lo lejos, los árboles y el lago. Observa desde ahí todo lo que pudo ser y no fue. 

Otra vez un sueño desprendido de su pecho. Otra vez volver a empezar. 

Él, madera temible, le había dejado una marca en su pelvis y volvía a su mente con esos charcos escuálidos de sangre. 

Había escapado de un diente menos. Había huido de las puertas rotas. 

Había corrido de los cabellos cortados, de los sellos morados en sus brazos y ojos. 

Le costó sentarse de nuevo ahí, lejos del abismo. 

Se recuerda cortando mandarinas en aquel agosto tibio, donde ahora hay un silencio hipócrita y ambiguo. Las risas que luego fueron gritos. Las veces que quedaba en cuclillas recibiendo golpes que parecían látigos. 

Ella piensa y aunque no lo crea, lo extraña. Y quiere marcar, en su ignorancia inmensa, ese número tétrico. Y quiere volver a ver su foto en alguna parte. 

La cicatriz en su rostro le advierte que se detenga. El timbre de la casona vieja está sonando. 

No es nadie, o quizás sea un espíritu o un ángel que la salva.

“Tocando el timbre”, por Victor Wang. 2020

(*)Soy Stella Maris Nicotra, nacida un 26 de octubre de 1974. Hija de militantes  y luchadores. Rubén Nicotra gremialista de la industria de la carne e Irene Godoy  activista en la industria del calzado. Eso es el resultado de  mi  actual trabajo y pasión por la política social. El arte fue grande en mi camino desde niña, en la música: Alicia Rotondó de Aman, en las letras la profesora Miriam Mercau que descubre  en mí el don de escribir. Actualmente  pertenezco al taller Silenciosos Incurables que dirige nuestra  querida  profesora Viviana Bonfiglioli. Encontré y encuentro en ese  lugar espacio para volar y desmayarme luego en las letras.