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Campeona

Georgina Melatini compite en Surf adaptado. En 2020 se ubicó entre las tres mejores del mundo. Con su escuela pretende que más personas con discapacidad disfruten el deporte

Por María José Corvalán

“La primera vez que me lanzaron sobre una ola me emocionó sentir esa sensación en la tabla, sentí una libertad total que nunca había sentido y mi mamá recuerda que en 17 años nunca me había visto una sonrisa como esa. Marcó mucho en mí, y a partir de ese momento todo comenzó”. Georgina Melatini es Campeona Latinoamericana, Sudamericana y Medalla de Bronce del Mundial de Surf Adaptado 2020, pero además es una joven solidaria. Abrió su escuela de surf adaptado y lucha por la inclusión de las mujeres, las personas con discapacidad en ese deporte, y lucha contra los prejuicios.

Georgina vive en El Tigre, en la provincia de Buenos Aires, y viaja 500 kilómetros hasta la costa de Camet Norte, en Santa Clara del Mar, partido de Mar Chiquita, para entrenar cada vez que puede. Pero a la vez, debe trasladarse en silla de ruedas hasta la arena, llevar su tabla hasta la costa y contar con dos entrenadores para montar las olas. Lo hace sin importar el frío, el calor, el cansancio o lo que puedan decirle.

Vive su sueño hecho realidad y lo cuenta con la misma pasión con la que surfea. 

– ¿Cómo empezaste a surfear? 

Venimos hace catorce años a Camet Norte porque tenemos una casa y hace doce años conocí a Víctor (Víctor Acuña es uno de sus entrenadores). Estábamos un verano pasando el día y lo vimos haciendo una caminata de prevención para que la gente tuviera cuidado con los posibles derrumbes de los bordes de los acantilados y habló con mi mamá que le contó que yo nadaba.

Empezamos a meternos al agua, a jugar en el agua y después surgió meternos con las tablas. Como no tenía, él me prestaba las suyas. Hace cinco años me llevó a conocer una escuelita en Mar del Plata y me encantó porque ahí conocí el surf adaptado. Ese día fue el primer paso para estar donde estoy.

– ¿Cómo pasaste de jugar en la ola a competir mundiales?

Empezamos jugando y hace tres años se dio la posibilidad de ir a las competencias. En 2018 fui a un latinoamericano donde quedé segunda y ese mismo año fui al mundial. Fue una experiencia enriquecedora ya que siempre me gustó competir, y sabía lo que era entrenar para ir a una competencia así que me esforzaba.

– ¿Cómo te fue en el 2020?

Este año me costó mucho venir a entrenar al mar porque no soy de la costa, entonces me entrené mucho en mi casa con Diego Ibarra en lo físico, pero en 2019 me venía todos los fines de semana y entrenaba de una a dos horas por día. Ahora espero poder llegar a estar cuatro horas en el mar.

– ¿Cómo es tu relación de confianza con los entrenadores?

La confianza es una parte muy importante porque estoy en una categoría en donde uno de ellos me empuja a la ola y el otro me recibe y me ayuda a ingresar de nuevo. En las competencias nos sentamos antes un rato solos para hablar, formar una estrategia y ver cómo vamos a hacer; de esa manera vamos afianzando la confianza.

Es un trabajo muy importante confiar en el otro y creer que no te va a pasar nada, creo que es uno de los trabajos más difíciles y lo reforzamos todo el tiempo. Me ha pasado de ir a una competencia donde el mar estaba enorme, y ellos me tenían que trabajar la cabeza diciéndome que iba a estar bien.

Georgina tiene 21 años, padece mielomeningocele, una condición que afectó su espina dorsal y le causa inmovilización en sus piernas. Esto no le impidió participar y conquistar grandes logros. Su primer campeonato fue en el 2018 en el Latinoamericano de Chile, ese mismo año participó del primer mundial en California, en 2019 compitió nuevamente en el latinoamericano, en el sudamericano de Mar del Plata y en 2020 volvió a competir en el mundial de parasurf consiguiendo quedar entre las tres mejores del mundo. 

– ¿Cómo avanzar siendo mujer en un deporte de varones?

Fue un desafío el poder entrar, no sé si es un ámbito machista, pero es más de hombres, aun así fui muy aceptada cuando hablé con la gente de la asociación de surf.

Por eso en la escuela de parasurf no solo trabajamos por la inclusión de personas con discapacidad sino por la inclusión de chicas para que se puedan sumar y que todas tengamos la misma posibilidad.

-¿Cómo llegaste a tener tu propia escuela?

La escuela de surf es un proyecto que empezó hace poco, salió muy rápido, se trabajó mucho desde que presentamos el proyecto al Ministerio de Deportes de la Nación. La ministra lo aprobó y junto a la gente del municipio de Mar Chiquita empezamos a buscar el lugar, materiales, a invitar a la gente. Además, trabajamos con la escuela N°503 de Santa Clara y con chicos de todo el partido de Mar Chiquita, los chicos aman el agua se relajan y se súper divierten. Es costumbre que haya escuelas de surf en la costa, pero no de surf adaptado. 

-¿Qué soñás para esta escuela? 

Que las y los chicos tengan su espacio, que vengan a disfrutar y que otras escuelas de surf a partir de esto se animen a incluir el adaptado.

Todo en el mar

Víctor Acuña y Ezequiel son sus entrenadores, amigos, y su círculo de confianza, al igual que su familia que está siempre pendiente de su alimentación y comodidad. 

Víctor (56) es guardavidas desde 1990 y asegura que su profesión “es muy apasionante, ha pasado un tiempo y sé que no me he equivocado al elegirla, la disfruto plenamente”.

Inició su carrera siendo guardavidas en un balneario privado en Mar del Plata y con el tiempo llegó a Santa Clara, más precisamente al puesto 17 de Camet Norte, donde comparte turno con Alberto. Las playas de Camet son paradisíacas, agrestes y únicas.

Caminar por esa costa ofrece un paisaje sin igual. “Para ser guardavidas la primera condición es tener pasión por esta profesión, los cursos están muy bien preparados y luego con la práctica y la colaboración de los compañeros se logra brindar más calidad en el servicio”, cuenta. 

Su pasión parece no solo ser por su profesión, sino por el surf y por el mar, aunque sospecho que también por brindar cuidado y protección. Se nota cada vez que hace sus “caminatas de prevención” y habla con cada turista para explicar por dónde es seguro y por dónde no, para nadar o caminar. 

“Tengo 56 y arranqué a los 11 a surfear en la playa Waikiki que es un lugar hermoso en Mar del Plata. De chico iba a la playa y en esos tiempos era raro ver a alguien parado en una ola, por suerte ahora el deporte creció mucho y tenemos grandes profesionales”.

Víctor y su hijo son parte de las y los guardavidas que vienen reclamando al municipio paritarias, recomposición salarial y hasta insumos básicos para poder hacer su trabajo sin que haya consecuencias lamentables.
“Estamos atravesando una etapa complicada porque no contamos con los elementos necesarios para realizar un operativo, no hay moto de agua, bote ni tenemos elementos que se utilizan cuando el mar está crítico y el auxilio debe ser inmediato sobre todo en lugares donde es imposible salir. Actuando con moto se disminuye el riesgo para las personas y para quienes somos guardavidas. A diario ponemos lo mejor, tratamos de ser lo más profesionales posible y hacemos lo imposible por hacer operativos exitosos pero no somos máquinas”.

– ¿Cómo es tu tarea de entrenador con Georgi?

“La conozco hace 12 años y la verdad ha trabajado muy intenso. La conozco como nadadora desde que se acercó a querer incursionar en el mar y buscando tener su experiencia. Acompañada del equipo de guardavidas lo logró y después hubo un intento en las tablas que no eran adaptadas, el trabajo para ellas es más difícil y más intenso”, describe.

– ¿Cómo son las tablas adaptadas?

Depende de la problemática de cada alumno, hay patologías diferentes y las adaptaciones deben ser precisas por eso tienen diferentes tipos de apoyo de acuerdo a cada lesión. Actualmente Georgi está utilizando adaptaciones fijas mediante tapones y correas para lograr el equilibrio en la ola.

– ¿Cómo es el entrenamiento?

Trato de llevarlo no muy acelerado porque hay que tomarse el tiempo para que esté segura ya que esa es una condición necesaria en el mar y en la arena, porque hay que ayudarla para que también tenga su lugar de descanso y esparcimiento.

– ¿Cómo se preparan para las competencias?

Se trabaja según las fechas de participación de torneos, estos pueden correrse según el clima, pero el tema de la preparación es anterior, y se trabaja muy intenso.

Víctor se emociona cuando habla de su tarea compartida con Ezequiel. 

“Ezequiel es mi hijo y mi compañero de equipo, él la acompañó al mundial en California y yo la acompañé a Chile en 2019 al latinoamericano”.

– ¿Qué proyectás para los próximos años? 

Estamos abocados a la escuelita de surf adaptado y al entrenamiento que se puede lograr en los momentos libres, como trabajo de tarde de guardavidas estoy limitado, pero sueño con más participación de niños y niñas porque es algo que deben experimentar para estar en contacto con la naturaleza, no se lo pueden perder.

Le pregunté a Georgina si quería decirme algo más, contarme sobre alguna medalla o aprovechar el medio para difundir algo, y sólo quiso agradecer. 

“Quiero agradecer a la gente que hizo posible esto, a la gente que me apoyó para lograr este sueño y a quienes me ayudan con la difusión para que más personas sepan que pueden hacer esta actividad ya sea recreativa, terapéutica o para competir. Una actividad que nos conecta con un medio totalmente natural como el mar. ¡Y que los hará felices! porque ¿viste?… Nadie se siente triste en el mar”.